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Federación Vecinal de Valladolid Antonio Machado


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Opinión de Jesús Ojeda

Siete veces siete

En el séptimo aniversario de la muerte del cura y maestro Millán Santos (9/03/2002)

Viernes 15 de marzo de 2019 · 57 lecturas · rss article rubrique


Sabemos que el siete en algunas religiones y culturas es una cifra que tiene poder por si misma y que puede encerrar algo bueno, y este es el motivo de estas líneas. En estos tiempos de acelerado calendario electoral puede ser adecuado hacer memoria de algunas de las reflexiones sobre el modelo de democracia que el maestro Millán describía en los apuntes de unos cuadernos, en las conversaciones con los que convivió, en las entrevistas que concedió y en sus intervenciones publicas. En sus cuadernos se puede leer, y vuelvo a reescribir lo que expuse en otro recordatorio, cómo en un estilo conciso, él da su visión sobre la igualdad de los seres humanos, sobre la justicia social, sobre la solidaridad humana, sobre el desarrollo económico al servicio de las personas, sobre el fomento de la paz y el progreso de los pueblos, sobre el misterio del dolor y de la muerte, sobre el valor del empoderamiento de las mujeres…,y en especial sobre la responsabilidad y la participación activa en la sociedad de las personas y su interpretación político-religiosa de los acontecimientos. Son frases cortas, palabras en clave, esquemas inconclusos, conceptos entre interrogantes que hablan del “descubrimiento” de la importancia de la participación, de la segmentación de los derechos de la clase trabajadora, de la marginación y exclusión de colectivos sociales, de la dualización de la sociedad como forma de segregación; según estos textos el relato de ser ciudadano se entiende desde la participación “como un proceso educativo en el que todos nos educamos colectivamente, aprendemos a trabajar juntos”(Cuadernos personales , año 1992-1993)

También es oportuno recordar cómo en coloquios y en conversaciones de contenido político vertía interpretaciones, con el valor de quien creyó y dio la cara por conseguir unas instituciones democráticas, sobre la transición de una dictadura a una democracia en construcción, que favoreció “descaradamente a los grupos políticos conservadores que controlaban los aparatos del Estado”, por lo que, en su opinión, era urgente una nueva transición, porque la democracia ha pasado a ser “un apaño de los grupos políticos donde todo se hace con mucha parsimonia y donde se tiene miedo a la participación de la gente”; para él todavía seguimos en una democracia incompleta. Millán entendía que todos estamos convocados desde el compromiso individual, porque somos la sociedad civil, esto es, un conjunto de ciudadanos que deliberan y actúan en el espacio público para decidir sobre la realidad que determina la vida económica, política y social de un país. Él no cuestionaba el sistema de representación política, veía necesario el uso ordinario de la consulta electoral, pero también la convocatoria de un referéndum sobre la continuidad de la monarquía y las reformas de la constitución, el uso del referéndum legislativo para refrendar algunas leyes, y, con mayor interés, el apoyo a las iniciativas populares y el valor de democracia directa.

En el ánimo de Millán estaba el ayudar a curar este “malestar democrático” del que hablaba entonces el fallecido profesor Fernández Buey; hay lecciones pendientes por aprender en los grandes partidos políticos, si realmente se quiere, aunque dudaba de esta querencia, que las instituciones de representación democrática sean una representación real de la pluralidad de las opciones políticas; para ello veía urgente la modificación del sistema electoral proporcional, el que los propios partidos establezcan formulas de elecciones primarias abiertas, que las listas electorales dejen de ser cerradas, que los cargos de representación tengan limitados sus mandatos, que se establezcan procesos de consulta permanente…“Lo importante es que se devuelva al pueblo lo que le pertenece”…”Y porque algunos somos incurables soñadores, sigo pensando que es el pueblo el que tiene la palabra” . Y en el calor de la conversación expresaba siempre esperanzado: “Se tiene que operar cambios, la juventud tiene que despertar. Creo en la gente y sé que esto cambiará”.

Vidal Arranz, en un obituario improvisado de su columna periodística, escribía al día siguiente de su muerte: “Millán vive” porque la auténtica muerte es el olvido, la única resurrección que puedo comprender radica en la capacidad que algunos hombres tienen para dejar una huella indeleble en la memoria de los otros, perpetuándose en su recuerdo. .. La visión poética de Millán lo reflejaba con claridad: “Ya no pueden seguir así las cosas/ hay que escribir con líneas nuevas/ los nuevos hechos de la Historia. / Hay que borrar las viejas trampas...Porque ya no se puede/ construir sobre arena, / ni ensuciar con las manos la belleza/, ni respirar el aire nauseabundo.../Hay que dar validez a la Palabra”. Así setenta veces siete.

Jesús Ojeda Guerrero, investigador en Ciencias Sociales