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Federación Vecinal de Valladolid Antonio Machado


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Opinión de Jesús Ojeda

Recordando los derechos humanos emergentes

Jueves 3 de enero de 2019 · 166 lecturas · rss article rubrique


Acabamos el año 2018 y con ello los diferentes eventos de celebración del aniversario de la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Quién nos reconocería a los participantes el 31 de diciembre de 1976 que el derecho a la objeción de conciencia sería legal en España: “Portando carteles alusivos a la objeción de conciencia, cuatro jóvenes recorrieron a mediodía de ayer diversas calles del centro de la ciudad y de la zona del centro de la ciudad y de la zona universitaria. En los carteles, que fueron depositados ante la Prisión Provincial, se hacía referencia a la situación de los objetores de conciencia –dieciséis de los cuales se encuentran detenidos en distintas establecimientos penitenciarios- se recogían frases en contra del sistema carcelario y otras en petición de amnistía para los objetores detenidos”(El Norte de Castilla, 31.12. 1976).

No estando muy convencido de que las manifestaciones de un día y el recordatorio de fechas de acuerdos importantes para la convivencia universal, tengan incidencia suficiente en el cambio a mejor de las sociedades, uno piensa que recordarlos podría servir de llamadas de atención y de reflexión, tanto a nivel individual como de responsabilidad política exigible a quienes nos gobiernan. Hablar de derechos humanos emergentes es poner nuestra atención en las reivindicaciones de las sociedades civiles para que se reconozcan nuevos derechos o se reformulen los ya declarados. En una breve carta de 25 de mayo de 1947 dirigida al primer director de la Organización Educativa, Científica y Cultural de las Naciones Unidas (UNESCO), que era el biólogo y humanista Julián Huxley, y contestando a un cuestionario remitido a diversos pensadores y escritores, el indio Mahatma Gandhi escribía que “los derechos que pueden merecerse y conservarse proceden del deber bien cumplido” según había aprendido de su madre analfabeta. En ese propósito uno se atreve proponer que sigamos, pues no podemos hacer omisión de nuestras obligaciones como seres humanos, siendo merecedores y depositarios de una herencia tan hermosa y a la vez tan exigente, cuestionada en parte por su concepción occidental, como es la DUDH de 1948, porque somos la memoria de los que nos precedieron, el presente que nos insta a recrear solidariamente lo recibido y la siembra de valores de un futuro, el de quienes nos sucederán en el empeño. En estos tiempos tan complejos y difusos para permanecer vigilante y actuante éticamente, convendría interiorizar lo expresado por el recordado cantante canadiense, Leonard Cohen, no estando convencido de que nada cambie, él proponía actuar como si no lo supieras, porque sostenía con rotundidad que “pronto serás de la manera que actúas”.

En estos setenta años transcurridos desde que se aprobó en París el 10 de diciembre, este documento declarativo adoptado en la resolución 217 por la Asamblea de Naciones Unidas, en la que se recogen los 30 artículos básicos en consonancia con las directrices de la carta de San Francisco del 26 de junio de 1945, las sociedades han experimentado grandes transformaciones en su configuración interna y en sus relaciones internacionales, y por ende los seres humanos que las componen. El Estado de Bienestar, si lo hubo en algunos periodos y en determinadas sociedades, a día de hoy apenas es mantenido en algunos países. Si fijamos la mirada en el fenómeno de la globalización capitalista, especialmente desde 2007, se ha evidenciado el lastre de miserias que lleva adherido a su nave, que de acuerdo con el profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid, Carlos Taibo, hunde sus raíces en ‘la primacía rotunda de la especulación en las relaciones económicas contemporáneas’ y la ‘general desregulación’ de toda norma que controle las riendas del funcionamiento de los capitales, con un control claro a nivel planetario desde el Norte rico con sus empresas trasnacionales para dar continuidad al imperialismo y al colonialismo de siempre. ¿Qué se ha obtenido como resultado? Un sinfín de sociedades en creciente desigualdad y un crecimiento, en números absolutos, de personas en situación de pobreza, ante el continuado desistimiento de protección de los gobiernos en el ejercicio de políticas sometidas a las leyes del mercado.

Los derechos humanos emergentes responden a la necesidad de reconocer que hemos avanzado en humanidad ante nuevos retos, algunos novedosos como el derecho a una renta básica universal que garantice la supervivencia de cada persona, y otros olvidados porque han estado ‘sumergidos’ por la prioridad dada a ‘la protección de derechos nacionales’ por pertenencia a un país, haciendo caso omiso del deber de hospitalidad y de asilo exigible, nadie debe ser considerado ‘un sin lugar’ en este planeta; otro derecho emergente es el derecho universal de toda persona sin distinción de nacionalidad a los medicamentos como derecho a la salud. En consecuencia una visión integradora de los derechos humanos tanto de los emergentes como los del catálogo clásico nos hace ser exigentes con nosotros mismos como seres sociables y demandar a nuestros gobernantes su cumplimiento; así esta formulada en la DUHD Emergentes, redactada en el Forum Universal de las Culturas de Barcelona en septiembre de 2004, y dada su aprobación en el Forum mexicano de Monterrey en noviembre de 2007. Porque el deber bien cumplido gandhiano ha de entenderse desde la responsabilidad personal y colectiva, haciéndose oír y apoyando los movimientos sociales que reclaman un mundo con menos niveles de injusticia y mayores escenarios de solidaridad.

Jesús Ojeda, investigador en Ciencias Sociales