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Federación Vecinal de Valladolid Antonio Machado


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Artículo de Opinión de Jesús Ojeda Guerrero

¿Hay que reinventar el movimiento vecinal?

Martes 5 de junio de 2018 · 156 lecturas · rss article rubrique


A veces no son las respuestas las que nos seducen sino las preguntas a las que nos sometemos. ¿Tiene sentido el que movimiento vecinal se reinvente? Ejercer el oficio de visionario, ofreciendo algunas herramientas para tratar de responder a lo planteado, exige una buena dosis de imaginación y una paciente mixtura de análisis, dado cómo se encuentra el panorama de la democracia participativa. La identidad de ciudadanía, desde nuestra óptica se encuentra unida indefectiblemente al concepto de democracia, ambas en una continua evolución en su concreción y en su análisis, en estos tiempos tan necesitados de apuestas atractivas y comprometidas con la acción pública.

Es necesario, por tanto, visibilizar las tres “Cs” desde una nueva perspectiva cultural de la acción pública: Comunicación, conocimiento y conciencia. Así mismo, es urgente el proceso de actualización de las formas organizativas, la asunción de la tarea social del compromiso como una oportunidad a trabajar juntos con los nuevos movimientos sociales. Volver, en consecuencia, a revivir, lo que hace ya una veintena de años, el profesor de Ciencias Políticas de la UNED, Jaime Pastor expresaba de esta forma tan gráfica: “Cuando la gente dice entonces mi barrio, quiere decir que ha encontrado un sitio, algún sentido de parte de una sociedad, por pequeña que sea, y no de estar en una sociedad, por grande que sea. Pero la gente puede decir, simplemente, donde yo vivo, como si fuera sólo una parada de descanso en un camino lleno de paradas, cada una de ellas confundida con la siguiente que se necesitan grandes esfuerzos para recordar siquiera dónde se ha estado. Los barrios son memorables. Un grupo de sitios donde se ha vivido no lo es” (1988: 257s); él depositaba la responsabilidad de dicha labor en una “masa crítica”, un minipopulus que sirviera de palanca de apoyo para ir construyendo un bloque social más amplio, capaz de impulsar programas de transformación social que amplíen los espacios democráticos y las libertades.

Un estudio reciente, realizado internamente en la Federación Vecinal “Antonio Machado” (FVAM), nos habla de la situación actual del asociacionismo vecinal en Valladolid. Muchas asociaciones vecinales en su labor voluntaria tienen pocas personas en su junta directiva, y, en general, cuentan con un insuficiente número de miembros para sacar adelante sus programas. Para los que han elaborado esta tarea de investigación, la “falta de masa crítica impide poner en marcha nuevos programas…”, añaden que este movimiento vecinal está envejecido, las juntas directivas de las asociaciones en su mayoría están compuestas por personas mayores jubiladas en buen número. “No se produce un relevo generacional, y algunos dirigentes de las asociaciones muestran cierto cansancio acumulado”. Certifican: “Las asociaciones no están siendo un motor de dinamización social”, “ son percibidas como organizadoras de talleres (que a menudo constituyen el principal sustento económico de la asociación)”, en algunas situaciones como una extensión de las actividades del propio Ayuntamiento, “y en el mejor de los casos, como una entidad que resuelve los problemas puntuales de los vecinos” Y concluyen: “Muchos vecinos del barrio no acuden a las juntas directivas, pese a que casi todas son abiertas, ni a las asambleas anuales”. Esta situación preocupa, así se hizo ver en la XXVIII asamblea general de FVAM del pasado mes de marzo y se ha querido debatir en el VI Foro Vecinal el 2 de junio en el CC. Juan de Austria de Valladolid.

Frente a esta nueva situación política, urbanística y social, hay que analizar si el movimiento vecinal sigue siendo o no necesario como tal. Así lo expresaba con claridad la ponencia que se presentó en la asamblea por la Ejecutiva de dicha federación: “Y lo cierto es que algunas señales podrían ser de alarma: la falta de gente joven en muchas asociaciones, el descenso de socios en algunos casos, y también, quizás, el paso de los temas vecinales a un segundo plano, frente a actividades, talleres y clases, que apenas sirven para atraer a gente ...y que en algunos casos han podido inflar artificialmente las listas de socios con personas totalmente ajenas al movimiento vecinal y cuya única motivación es ir a clases de "Pilates" más baratas que en una academia.”

Por lo que se hace urgente la reflexión sobre cómo ser más útiles a la ciudadanía, para lo que habrá que valorar la permeabilidad de las asociaciones vecinales, sus formas de comunicación y de relación, el papel y el peso que deben tener los talleres, las vía de financiación en las que se basan, y de ahí empezar a materializar un nuevo modelo constructivo de movimiento vecinal. Todo ello porque se sigue pensando que las asociaciones vecinales se encuentran dentro de las posibilidades del ejercicio de la participación democrática poco exploradas, como sigue sosteniendo el casi nonagenario profesor alemán Jürgen Habermas, ante la urgente necesidad de redefinir la democracia frente a propuestas parciales, burocráticas, formales e insuficientes que se defienden desde el poder político. Serán los movimientos sociales, y de forma especial las asociaciones vecinales, con su trabajo reivindicativo, con sus críticas, con sus propuestas y con su actividad en los barrios y en los pueblos, quienes dan sentido también a la condición radical de la participación.
Jesús Ojeda Guerrero, investigador en CC.SS.