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Opinión de Jesús Ojeda Guerrero

Ghandi como punto de encuentro

A proposito del aniversario de su asesinato: 30 de enero de de 1948

Martes 31 de enero de 2017 · 384 lecturas · rss article rubrique


Una reflexión más para hacer memoria sobre él, sus lecciones de integridad personal y de acción política (El Norte de Castilla, 17.02.2016); en esta ocasión con el proceso de independencia de la India en sus inicios como telón de fondo. Uno escribe para poder superar la soledad histórica que nos embarga, y tratar de seguir siendo integro y coherente. Para ello convendría recordar la denuncia que hacía el recién fallecido escritor John Berger en uno de sus últimos artículos; él evidenciaba cómo el neoliberalismo ha vuelto insustanciales algunos términos, entre otros, el de solidaridad internacional, el de independencia, estos se han marginado y en muchos casos, se han eliminado del debate público por lo que se ha perdido el sentido relacional y de aprendizaje del pasado con el futuro. En tiempos de posverdad, la post-truth, neologismo con más de una década de vigencia, reconocido como palabra del año por la edición del diccionario Oxford en 2016, viene a establecer que “los hechos objetivos tienen menor influencia en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. El proceso de independencia de la India en su configuración tuvo diversos protagonistas, la comunidad india y sus lideres, y el modo de proceder de los responsables políticos ingleses; fijemos nuestra atención más concretamente en el papel de una de las personalidades más destacadas en el relato inicial de la descolonización, Mahandás Karamchand Gandhi.

Después de un periodo intermitente de más de quince años en Sudáfrica como abogado y una breve presencia en Londres a finales de 1914, Gandhi regresa a la India en enero de 1915 con un cúmulo de experiencias de resistencia no-violenta a favor del reconocimiento de la colectividad india como súbditos de su Majestad con derechos, de búsqueda de una integridad y coherencia personal, dispuesto a no causar ningún daño sino a sufrirlo en cada una de sus acciones; y como buen estratega, poder desequilibrar la seguridad moral del aniversario con lo inesperado de sus actos previamente anunciados, teniendo un objetivo inicial el conseguir la “Hind swaraj”, la autonomía de la India. Él mismo se definía como un soñador práctico, convencido de que la presencia británica en la India era posible por la colaboración y el estado pasivo de los propios indios, pues no se podría entender de otra manera esta situación, una población de más de 300 millones ‘controlada’ por 10.000 oficiales ingleses al mando de unos 60.000 soldados indígenas, y por dos centenares de funcionarios del Servicio Civil indio. La trayectoria del partido del Congreso Nacional, movimiento independentista indio que contaba con más de tres lustros de labor política, no había conseguido movilizar a importantes sectores de la población, jóvenes, campesinos, mujeres y comerciantes; Gandhi, en cambio, según recoge en la parte de testimonios Heimo Rau (1987: 185), “ya fueran sus oyentes una persona o mil, su encanto y su capacidad de seducción (…)no era fruto de la elocuencia o de la retórica de sus frases(…) Era su extrema rectitud como hombre y su personalidad la que impresionaba”, así le definía el que sería el primer ministro de la India Jawaharlal Nehru, que desde 1916 participó con él en muchas de las movilizaciones, aunque no teniendo la misma visión de un futuro país independiente, al estilo occidental según Nehru, siguiendo un modelo tradicionalista rural según Gandhi. Las divergencias se harían más que notables posteriormente, aunque en su última carta el mismo día de su asesinato le pide a Nehru que continúe al frente del nuevo Estado y se haga entender con su viceprimer ministro Vallabhbhai Patel.

A principios de febrero de 1916 Gandhi intervino en la inauguración de gala de la universidad hindú de Benarés, advirtiendo que el partido del Congreso había aprobado una resolución sobre el autogobierno, pero que ninguna aportación de papel lo daría jamás: “Nuestra conducta es lo único que nos hará dignos de él” (Wolpert, Stanley, 2001: 119) Y como preparación para la acción desarrolla diversos satyagrahas (1918), termino de su invención, tomado del sánscrito que literalmente significa “atenerse a la verdad”, que exige de partida a cada uno la obediencia a las leyes de la sociedad para posteriormente poder juzgarlas como justas o injustas, buenas o perniciosas, para poder posteriormente resistirse a ellas por medio de la ahimsa, la no-violencia. En el distrito gujarati de Kheda por entender que la contribución territorial exigida por el recaudador británico era excesiva, en Ahmedabad a favor de la mejora de las condiciones de trabajo de los obreros en las fábricas, y por la liberación de los hermanos musulmanes Shaukat y Mohamed Ali, detenidos por sus escritos sediciosos en defensa de un califato turco, a los que adoptó como “hermanos” sumándolos al movimiento de no-cooperación de esos años, porque pensaba que de esta manera podría hacer convivir a musulmanes e hindúes desde su visión pan-india. La victoria aliada en la I Guerra Mundial no supuso para la India un estatuto de dominio sino el mantenimiento de las Leyes de Defensa de la India de 1915, que Gandhi calificaba de “leyes negras” y “una prueba de una política deliberada de represión, la desobediencia civil parece un deber que se impone a todos los amantes de la libertad personal y pública” (W.S.2001: 131). Quedarán todavía treinta años de resistencia y de ejemplaridad.

Jesús Ojeda, investigador en Ciencias Sociales