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Artículo del historiador vallisoletano Constantino Gonzalo Morell

"De arqueología urbana contemporánea: muralismo vecinal, arte y reivindicación en las calles de Valladolid"

Este artículo trata de analizar algunos de esos murales, intentando enlazar la historia de nuestro último cuarto de siglo con un movimiento urbano, a través de una ciudad media española: Valladolid

Martes 18 de febrero de 2014 · 721 lecturas · rss article rubrique


DE ARQUEOLOGÍA URBANA CONTEMPORÁNEA:

MURALISMO VECINAL, ARTE Y REIVINDICACIÓN EN LAS CALLES DE VALLADOLID

Autor: Constantino Gonzalo Morell

Resumen

Una de las formas de protesta más extendida en el mundo contemporáneo es la de la pintada reivindicativa. Realizada con mayor o menor grado de gusto artístico, pintadas y murales aparecen en todas nuestras ciudades. Este artículo trata de analizar algunos de esos murales, intentando enlazar la historia de nuestro último cuarto de siglo con un movimiento urbano, a través de una ciudad media española: Valladolid.

Summary

One of the most widespread forms of protest in the contemporary World is the protest graffiti. Performed with varying degrees of artistic taste, painted and murals appear in all our cities. This article attempts to analyze some of these murals, trying to link the history of our past quarter century with an urban movement, through an average Spanish city: Valladolid.

Palabras clave
Mural, protesta, Valladolid, barrio, asociación de vecinos.

Keywords
Mural, protest, Valladolid, quarter, neighbourhood association.

Introducción: los no-lugares frente al barrio

Marc Augé, en la década de los setenta del pasado siglo, desarrolló un concepto tan interesante como utilizado posteriormente, el de los no-lugares. Para este antropólogo galo, los no-lugares son espacios de anonimato, las instalaciones necesarias para la conexión rápida de personas y bienes (viaductos, estaciones, aeropuertos), incluso los medios de transporte (automóviles, trenes, aviones); “el no lugar es lo contrario de un domicilio, de una residencia, de un lugar en el sentido corriente del término” [1]. Ni qué decir tiene que cualquier ciudad de tamaño medio tiene cientos, cuando no miles de estos rincones que no dejan ningún tipo de recuerdo en el ser humano que los transita a diario. Uno recuerda una plaza, una calle, incluso un árbol, pero paredes y muros se suceden sin dejar constancia en la memoria. Sin embargo, no todos los muros son mudos. Los hay que cuentan su historia, cuando no la de su barrio. Nos referimos a los murales, ancestral manera de expresión artística que desde comienzos del siglo XX adquirió también un sentido político y/o reivindicativo.

En el presente trabajo vamos a rescatar la historia cotidiana de algunos momentos vividos en los barrios de una ciudad media española, Valladolid, a partir de los testimonios dejados en algunos de sus muros.

El Valladolid creado por el desarrollismo franquista

“No sabemos cómo ha podido caerse en el error -dice en 1904 el cronista municipal- de que Valladolid es solamente el Valladolid que empieza en la calle Santiago y que termina en Calderón... lo otro, lo que está más allá o más acá, y los barrios extremos, son la Cenicienta de quien nadie se ocupa”. [2]. Si a principios del siglo XX Valladolid cuenta con menos de 100000 habitantes, apenas setenta años después pasará ampliamente de los 300000. Una población que mayoritariamente se concentra fuera del centro histórico, en los barrios, pero que pese a suponer el mayor contingente de la ciudad, recibe la menor cantidad de recursos y servicios. Así, al tradicional abandono por parte de las autoridades, se añade desde de los años sesenta el aluvión inmigratorio que hace que la vieja ciudad decimonónica experimente un crecimiento del 117,5% [3], apareciendo toda una corona de nuevos barrios, más o menos marginales, pero siempre carentes de servicios. Escuelas, parques, ambulatorios, pero también calles asfaltadas y alumbrado público serán las demandas de estos nuevos vallisoletanos, ciudadanos de primera a la hora de contribuir con sus impuestos, inmigrantes incómodos e ignorados a la hora de proporcionarles la vida digna de ciudad. Las carencias de los barrios de 1904 son las necesidades extremas de los de sesenta años después, porque la plácida capital de provincias, debido al desarrollismo franquista, se ha convertido en la principal ciudad industrial de la región, objeto de una gran concentración de fábricas y de intereses inmobiliarios que la llevan a un crecimiento físico sin apenas control o planificación.

El movimiento asociativo vecinal

Manuel Castells, uno de nuestros científicos sociales más prestigiosos, consideró al movimiento vecinal español como “el movimiento urbano más extendido y significativo en Europa desde 1945” [4]. Pese a ello y aunque haya, cada vez más, notables excepciones, sigue sin haber un reconocimiento claro de su importancia entre la comunidad de historiadores. De este modo, hablar de la oposición al franquismo es glosar la actividad de los partidos políticos opositores, de ciertos miembros de la Iglesia y de la acción estudiantil. Sin embargo, debido a sus circunstancias y modos de lucha y reivindicación, el movimiento vecinal sea quizá aquel que le arrebató al franquismo el último argumento legitimista que podía blandir: el desarrollo económico y social gracias al régimen. Porque los cuestionables logros en estos aspectos no eran más que trampantojos ante la miseria que se vivía en los barrios donde habitaban aquellos que levantaban la octava potencia industrial del momento [5].

El movimiento vecinal aparece a partir de la Ley de Asociaciones de 1964, que permite, con las limitaciones más que evidentes que supone una dictadura, asociarse libremente, si es bajo el paraguas del Movimiento. Las autoridades franquistas, a raíz del cambio efectuado con los XXV Años de Paz, deciden dar un barniz participativo y permitir crear Asociaciones de Cabezas de Familia que, según el proyecto católico-falangista, debía articular la participación de los cabezas de familia en la vida pública. Este proyecto de participación pseudopolítica quebró desde el principio, porque esos cabezas de familia (hombres mayores de edad -21 años- y mujeres casadas, con preferencia de los primeros sobre los segundos) no crearon las asociaciones para representar a sus familias dentro del régimen, sino que lo hicieron para representar los intereses de sus barriadas frente a la administración. De este modo y poco a poco, a partir de 1965 aparecerán asociaciones en todas las grandes ciudades del país, que terminarán por trabajar conjuntamente en federaciones y confederaciones, pues la lucha de un barrio la mayor parte de las veces era la lucha de una ciudad, suponiendo, pese a los obstáculos interpuestos por las autoridades, una oposición tenaz y quizá lo más importante, legal.

Las asociaciones vallisoletanas y su huella en la ciudad

La primera asociación de vecinos (AAVV) vallisoletana, de cabezas de familia para ser exactos, será la del barrio de Rondilla, legalizada en 1970, aunque sabemos que estaba en trámites, al menos, desde 1968.

Entre 1970 -en que aparece la primera-, y 1977, se crea el grueso de asociaciones vecinales de la ciudad, no siendo hasta 1980 –con la experiencia previa de la Coordinadora Interbarrios en 1976- en que aparece la Federación Provincial de AAVV de Valladolid «Antonio Machado».

Con cierto prestigio a nivel nacional y con campañas de enorme repercusión social, el movimiento vecinal de la ciudad ha constituido un referente de movilización que ha logrado importantes avances para las distintas barriadas [6]. Luchas con victorias y derrotas que han jalonado los muros de la urbe vallisoletana, aunque la mayoría de ellos hayan desaparecido ya, pues no podemos obviar que la mayoría de estos murales tenían un afán movilizador coyuntural, en torno a una reivindicación específica, siendo las plataformas empleadas antiguos edificios abandonados que ya fueron derribados o reformados totalmente, con lo que la pintura vecinal fue eliminada para siempre. Sin embargo, aún se pueden ver por Valladolid unos cuantos murales que vamos a detallar.

En la Calle 12 de Octubre, encontramos una zona, antes del pasaje que comunica la vía con la Nueva del Carmen, donde se concentran múltiples graffitis. Debajo de ellos aún se ven los restos deteriorados del mural que se hizo con motivo de los 20 años de la asociación de vecinos de Pilarica. Aún se lee: “20 años unidos en problemas, en luchas y en fiestas”.

Confeccionado en torno a 1992 (puesto que la asociación nace en 1972), resume bien la vida de cualquier asociación de vecinos: unidad de acción ante los problemas comunes del barrio, pero también en las celebraciones. Al fin y al cabo, las AAVV también han colaborado activamente en la plena integración del aluvión inmigratorio (antaño de gentes de pueblos de la provincia o las limítrofes, hoy allende los mares) que en los años sesenta y setenta llegaron a las urbes españolas, siendo quizá las fiestas de las barriadas, el mejor exponente de ello, como demostraron Castells o Tomás Rodríguez-Villasante en sus estudios sobre el movimiento vecinal madrileño.

También conmemorativo es el mural dirigido por el artista Manuel Sierra para los treinta años de la Asociación Vecinal Rondilla. El mismo ocupa una tapia del complejo del Museo Nacional de Escultura, en la Calle Gondomar.

El contador eléctrico ha deteriorado el grueso del mensaje: “Un barrio, una asociación, 30 años juntos”. Siendo la asociación más veterana de la ciudad, la de Rondilla quizá sea también una de las que mayor complicidad ha encontrado con su barrio.

Conmemorativos son también los murales de la Plaza de Andarríos, en Pajarillos. Primera verdadera plaza con la que contó el barrio y resultado de la lucha vecinal por regenerar un barrizal que se utilizaba como aparcamiento, en sus cartelas, preparadas para desarrollar murales, aparecen, entre otros, el del Colectivo de Educación de Adultos, el de la propia asociación de vecinos y el de su sección juvenil.

Para José Miguel Gutiérrez, líder histórico del movimiento vecinal de la ciudad y de Pajarillos, el primer objetivo de su asociación fue la alfabetización del barrio, al constatar la alta tasa de analfabetos, en especial en la parte más vieja, Pajarillos Altos, de población más envejecida [7]. Así en Rondilla, Delicias o el propio Pajarillos, aparecen, dentro de sus AAVV, Comisiones de Cultura, que son las que primigeniamente llevan la alfabetización de adultos, hasta que a mediados de los ochenta, el Estado pone educadores profesionales.

La mano de Sierra también se ve en estas obras.

Más reivindicativos son los murales de la Calle Salud, en las tapias que recorren la vía férrea a su paso por los barrios de Pajarillos, Pilarica y Belén, Telón de Acero de Valladolid que segrega a los barrios de la zona este, razón por la que, desde el nacimiento del movimiento vecinal, se ha exigido su supresión. Eso explica la recurrente presencia de pintadas de las asociaciones, comenzando su presencia, quizá con la placa que ahora luce encima de uno de los primeros túneles peatonales que franquearon el paso de un punto a otro de la ciudad, el Túnel de Vadillos. Aún se lee con claridad: “DEPRESIÓN DE LA VÍA REIVINDICADA DESDE 1978. HASTA CUANDO [sic]?”.

Mucho más moderna es la pintada de la Plataforma PIBEL (Pilarica-Belén), integrada por las AAVV de ambos barrios, dirigida por un artista de Belén.

En el Barrio Girón también encontramos murales vecinales. El motivo de protesta no es la segregación que provoca la vía del tren sino la intención de las autoridades de crear un centro de Cruz Roja para excluidos sociales en el barrio (como para el tratamiento y rehabilitación de drogodependientes), el llamado “Macrocentro”“ [8]. En una explanada cercana al Instituto Politécnico «Cristo Rey» se concentran los murales reivindicativos. El tema supuso una especie de golpe de estado dentro de la asociación de vecinos del barrio, debido a que la directiva de la misma, al igual que la propia Federación, eran partidarias de la creación del centro (independientemente del barrio que finalmente fuera elegido), mientras que los vecinos de Girón se opusieron ferozmente desde el principio, copando los detractores la nueva dirección de la asociación de vecinos [9]. La oposición de Girón supuso su expulsión por varios años de la Federación, por considerarse su actitud insolidaria para con el resto de la ciudad y en especial, con barrios como Pajarillos que sufrían el grueso de los problemas de la droga. Finalmente, el centro no se construyó en Girón.

También es la sensación de marginalidad lo que lleva a los vecinos del Barrio España a expresarse en los muros de la Avenida de Santander. Murales como el de la fotografía, donde el objeto de protesta es la especulación a la que es sometida el barrio, objeto de codicia de las inmobiliarias tras la decisión de la Universidad de Valladolid de asentar su Campus Miguel Delibes, que convirtió una zona suburbial en otra de expansión urbanística. En la tapia, se lee: “SI BARRIOS HABITABLES NO SUBURBIOS ESPECULABLES ¡SOLUCIÓN!: LUCHA VECINAL ASOCIACIONISMO [sic]”.

Por último y continuando con el tema de la especulación inmobiliaria, vamos a detenernos en los restos materiales de la lucha liderada por la asociación vecinal de Rondilla contra el plan urbanístico «Ribera de Castilla».

El barrio de la Rondilla de Santa Teresa, la Rondilla, a la altura de 1976, es el más densamente edificado de la ciudad, hasta el punto de que no sólo no existen zonas verdes ni servicios –como es la norma en los barrios de Valladolid- sino que tampoco hay espacio para desarrollarlos en un futuro. El único espacio libre es el de la ribera del Pisuerga. Por este espacio pugnarán el Ayuntamiento y los promotores inmobiliarios por un lado y los vecinos por otro.

El Ayuntamiento tardofranquista, liderado por Manuel Vidal, intenta aprovechar las últimas oportunidades legales antes de que lleguen los ayuntamientos democráticos, para aprobar planes parciales por toda la ciudad. Sin embargo, será en Rondilla donde la oposición popular sea mayor y más organizada. Una oposición tan fuerte y que concitó tantos apoyos que obligó a la iniciativa privada, sino a renunciar a su proyecto de edificar casas en los terrenos, sí a reducir drásticamente el número de ellas [10], edificando las administraciones los colegios, institutos, centro de salud, de la tercera edad y parque que Rondilla necesitaba.

Si bien es cierto que no queda ninguno de los múltiples murales con que la asociación de vecinos expresó su indignación ante la operación inmobiliaria, gracias a fotografías que se conservan como esta de fines de los años setenta, en que se explica a la sociedad sus planes alternativos, sabemos cómo debió llevarse a cabo la campaña en las paredes del barrio.

No es por casualidad por tanto, que en el Parque «Ribera de Castilla», al lado del instituto del mismo nombre, se levante un monolito con una insólita placa que reza: “La lucha del barrio y la voluntad del Ayuntamiento hicieron posible este parque”.

Conclusiones

No ha sido nuestra intención llevar a cabo un catálogo exhaustivo de los murales con temática vecinal de la ciudad de Valladolid. Primero porque la mayoría de ellos, por la propia dinámica del mural urbano, han desaparecido, no quedando de ellos vestigio alguno. Segundo porque no sólo han sido murales de lo que hemos hablado aquí. En todo caso, nuestra intención es rescatar del olvido esos rincones de la ciudad, porque comprender las motivaciones de quienes los hicieron nos hará comprender más y mejor un trozo de nuestra historia, tan próxima como a veces desconocida.

También nos gustaría hacer reflexionar sobre el abandono del legado contemporáneo. Quizá no de estas obras, que por coyunturales, no tienen intención de perdurar en el tiempo, lo que no es óbice para que muchas de ellas se intentaran restaurar y proteger. Pero sí de otros tantos lugares que por “no ser antiguos” se dejan al abandono y al afán especulador. La historia de una ciudad es la memoria de sus gentes.

Constantino Gonzalo Morell

Doctor en Historia

vivalarepublica@hotmail.com


[1MARC, A., Los «no lugares». Espacios del anonimato. Una antropología de la supermodernidad. Barcelona, Gedisa, 1973.

[2GARCÍA FERNÁNDEZ, J., Crecimiento y estructura urbana de Valladolid. Barcelona, Los Libros De La Frontera, 1974

[3Datos extraídos de PASTOR ANTOLÍN, L.J.; DELGADO URRECHO, J.M. y CALDERÓN CALDERÓN, B., Crecimiento y transformación de Valladolid: 1960-1988. Análisis de un proceso complejo contradictorio. Valladolid, Ediciones Grapheus, 1992, a partir del Censo de Población y del Padrón Municipal.

[4CASTELLS, M., La ciudad y las masas. Sociología de los movimientos sociales urbanos. Madrid, Alianza, 1986, p. 299.

[5El propio Castells, Jordi Borja y otros autores coinciden en este extremo.

[6Para ahondar en ello, GONZALO MORELL, C., Movimiento vecinal y cultura política democrática en Castilla y León. El caso de Valladolid (1964-1986). Tesis Doctoral, Universidad de Valladolid (http://www.vecinosvalladolid.org/spip.php?article5774).

[7GONZALO MORELL, C., Entrevista a José Miguel Gutiérrez de Diego. Valladolid 12 de marzo de 2008.

[8Cruz Roja iba a construir un centro para personas marginadas de todo tipo al lado de Cristo Rey. En Giróncomenzaron a manifestarse en contra. La Federación apoyaba el centro y nos vimos un poco solos, puesto que ni la Junta ni el Ayuntamiento se manifestaron. Al final no se hizo. Tuvimos una asamblea un día en «El Campillo» que casi llegaron a pegarnos. Fue muy duro”. Testimonio de Carmen González - presidenta de la Federación en esos momentos- en BELTRÁN, R. “El movimiento está en los barrios” en El Norte de Castilla, domingo 7 de diciembre de 2008, p. 15.

[9“La primera fricción seria fue con la Asociación de Vecinos de Girón, provocada por el proyecto del Macrocentro (realmente en la Ctra. León, no en el barrio). La noticia de que un centro de desintoxicación va a ser construido cerca de Girón supone la sustitución de la Junta Directiva de su AAVV (favorable al plan) por otra opuesta al mismo”. GONZALO MORELL, C., Entrevista a José Miguel Gutiérrez de Diego. Valladolid, 11 de marzo de 2008.

[10“Así, en un suelo donde los Ayuntamientos de tres sucesivos Alcaldes (Fernández Santamaría, Jiménez Espuelas y Vidal García) pretendieron autorizar la construcción de 2.200 viviendas, para bajar a 1.825 y 1.650, y luego a 1.350, para seguir bajando, ante la presión del barrio, con el nuevo Ayuntamiento de Rodríguez Bolaños, primero a 850 para llegar a 500, donde estamos, cabe la posibilidad de quedarlas reducidas a 300, contando con la promesa expresa de los grupos socialista y comunista”. “Carta Abierta a los vecinos”. 18756-1. Archivo Municipal de Valladolid, p. 1.