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¡Salvemos el Yacimiento Arqueológico de la Plaza de la Antigua!

Intervención de Pablo Gerbolés, expresidente de la Federación, al recibir el Premio Vaccea 2012 a la Protección y Conservación del Patrimonio

"Es un premio a la demostración empírica de que sí es posible transformar la realidad y cambiar las cosas que los dirigentes deciden; y de que el mero intento es ya de por sí un ejercicio de dignidad al que no podemos permitirnos renunciar"

Domingo 2 de diciembre de 2012 · 83 lecturas · rss article rubrique


INTERVENCIÓN DE PABLO GERBOLÉS SÁNCHEZ EN LA RECEPCIÓN DEL PREMIO VACCEA 2012 A LA PROTECCIÓN Y CONSERVACIÓN DEL PATRIMONIO

¡Madre mía! ¡Cuánto orgullo y cuánto agradecimiento a la Universidad de Valladolid, al Centro de Estudios Vacceos Federico Watemberg y a la persona que me propuso por haberme concedido este premio! Un premio que es altamente significativo, por lo extraordinario y por lo inhabitual: se entrega por gente extraordinariamente erudita a la gente de a pié de calle por sus luchas activistas frente a acciones inconcebibles de las administraciones públicas. Un premio a la gente rara, podría decirse.

Nuestra ciudad sigue de espaldas a su patrimonio y a su historia. Parece que no atendemos nuestra cultura como se merece. Es como si pasáramos de puntillas sobre todo aquello que hace de Valladolid una ciudad realmente singular. Las personas que nos gobiernan hacen muy poco para evitar que Valladolid se convierta en una metrópolis sin carácter, sin identidad, y similar a las que nos podemos encontrar en cualquier parte del mundo. Nos hemos quedado en comer caros pinchos o en inútiles premios internacionales de iluminaciones de dudoso gusto...

El gobierno de una ciudad debería ser el primero que protegiera y se preocupara por el patrimonio que tiene el privilegio y la obligación de custodiar y debería ser el más interesado en mantener y mejorar el rico legado que se le ha encomendado. Uno de los retos de un alcalde debería ser mejorar las condiciones de vida de su ciudadanía y acercarles los adelantos que ofrece el siglo XXI, pero sin menoscabar el valor del patrimonio heredado. Lástima que ésto no ocurra aquí.

Respecto al patrimonio, es cierto que existen leyes, normas y organismos oficiales, pero la experiencia demuestra que todo esto no basta, porque se siguen cometiendo atropellos que se saltan todas las cautelas y teóricas protecciones. La fiebre inmobiliaria, que tantos desmanes y despropósitos ha provocado ya en nuestro país, las leyes de mercado y el criterio de rentabilidad se imponen hegemónicamente sin que los poderes públicos atiendan a otros valores de mayor consideración y respeto. Esas potentes tensiones especulativas y el desinterés y falta de respeto de la propia Administración (y de la gente) por lo público, considerado como tierra de nadie que se puede arrasar de forma arbitraria, genera que apenas se cuente con la ciudadanía concienciada, enfrentada a la opacidad administrativa que excreta decisiones como fatalismos disfrazados con demagogias benefactoras.

Pues bien,en medio de esta corriente consumista y de especulación hacia la modernidad de la ciudad, este es un premio a la gente rara, que cuando busca el descanso lo hace pensando en el mañana duro que tendrá por delante, cuando tengan que poner más pasión, más cariño para hacer cada vez más justa la vida. Lo que estamos poniendo sobre el tapete es nuestra propuesta, nuestra alternativa: la acción organizada y la presencia ciudadana que se resiste firmemente ante ilegalidades o arbitrariedades (o, muchas, veces, cabezonadas...).

Gente rara que promueve cambios en la forma de relacionarnos con el entorno. Que quieren que nos demos cuenta del valor que encierra todo lo que nos rodea, tanto lo natural como las creaciones humanas. Que quiere que comprendamos que ese entorno natural y cultural no sólo tiene un valor económico, sino un valor sentimental que va más allá del concepto economicista.

Gente rara que intenta que aprendamos que somos parte y consecuencia del entorno, y que este es el legado a las siguientes generaciones. Es un hecho que cuando las sociedades han madurado comprenden que no se puede explicar el ser humano sin su contexto histórico, físico, arquitectónico o cultural. Es una realidad comprobable que los países más cultos y socialmente avanzados defienden su patrimonio, y que es en los regímenes de baja calidad democrática donde se producen las mayores destrucciones, hasta el punto en que se podría valorar la calidad de un representante político por el índice de respeto y valoración del que disfruta el patrimonio a su cargo.

Gente rara que desea conservar la riqueza histórica y cultural, que quiere ayudar imaginativamente y con inteligencia para conseguir que dicho patrimonio sea visible, quede a disposición de todo el mundo y pueda llenarse de vida y actividades. Gente rara que cree que es tarea de todo el mundo, y que si ayudamos, podremos tener una ciudad única, por lo que fue y por lo que es.

Gente rara que asume que el patrimonio es un capital social que nos pertenece a todas las personas, pues en sus valores se encuentra el producto acumulado de la sabiduría, el talento, la destreza y el trabajo de toda una sociedad, acrecentándose su valor material con un componente difícil de cuantificar, pero que es tanto o más importante, en cuanto recoge las claves del conocimiento de lo que somos y de lo que fuimos, sin las cuales el presente pierde su sentido.

Gente rara que trabaja para que la ciudad, ese complejo entramado de relaciones y valores donde convergen pasado y futuro, tradición y cambio, memoria y deseo, sea ante todo un lugar de encuentro y convivencia. La ciudad ha estimulado la evolución y el progreso sin renunciar a sus raíces. Patrimonio y ciudad son, pues, dos referentes insoslayables en un diálogo en el que la conservación del Patrimonio Histórico asoma como un objetivo estratégico para el desarrollo de la ciudad.

Gente rara que lucha en pos de que la conservación y disfrute de los espacios patrimoniales sea un derecho irrenunciable de la ciudadanía, pues la propia Constitución establece entre los principios rectores la obligación activa de conservar y acrecentar el patrimonio para transmitirlo a las generaciones futuras. Gente rara que grita que la destrucción de estos espacios, supone un atentado a la memoria y a la identidad cultural de una sociedad y se debe considerar como delito contra la humanidad.

Gente rara convencida de que tenemos el derecho al gozo y disfrute de nuestros bienes patrimoniales. Y que tenemos la responsabilidad de mantener y conservar con dignidad sus valores urbanos, arquitectónicos, históricos y culturales. La defensa de este Patrimonio Cultural es una obligación legal de quien nos gobierna y un compromiso ético de responsables técnicos y de la ciudadanía en general.

A la sombra de los grandes elementos que sirven para explicar nuestra historia, acaecen miles y miles de pequeñas historias; multitud de intentos de asaltar los cielos muy apegados al terreno. Es la forma en que los reales protagonistas de la historia ponen la razón en marcha y hacen aterrizar las grandes utopías en la cotidianidad, dándoles, de paso, una forma concreta. De forma espontánea pero reflexionada muchas personas de esta ciudad han sentido la necesidad de reafirmar la conciencia colectiva, de defender su entorno más cercano; y esas asociaciones y personas que generosamente dedican su tiempo y esfuerzo a la defensa de un objetivo concreto en alguna ocasión obtienen resultados notables:

  • Visibilizar la situación de nuestro patrimonio histórico, instando a las administraciones públicas a catalogar y proteger todos los elementos de interés.
  • Denunciar aquellos elementos que se hallen en situación de abandono y riesgo de desaparición o alteración irreversible.
  • Educar en la importancia de los bienes patrimoniales, dando a conocer sus problemas para que la gente reaccione y se implique en la defensa de lo que les pertenece.
  • Actuar y paralizar actuaciones lesivas al Patrimonio.
  • Ser tan respetados y temidos por los gobernantes que, a falta de argumentos serios, fundamentan sus réplicas en ataques personales deleznables.

Gracias, muchas gracias por este premio a la gente rara que nos gusta la historia y reivindicamos que sea respetada, pero vivimos en el presente y apostamos también por el futuro. Por un presente y un futuro en el que, conociendo nuestro patrimonio, podamos vivir sin estar atados a él, pero respetándolo.

Y mi dedicatoria especial para mis dos acompañantes: una la representante de esa gente rara, la actual dirigente vecinal de la ciudad; y otra, la representante de los que, con su renuncia, su paciencia y su comprensión, permiten nuestras rarezas, nuestras familias.

Finalmente concluir diciendo que este premio lo es a algo importante y aplicable a otras muchas cosas: es un premio a la demostración empírica de que sí es posible transformar la realidad y cambiar las cosas que los dirigentes deciden; y de que el mero intento es ya de por sí un ejercicio de dignidad al que no podemos permitirnos renunciar.

Pablo Gerbolés Sánchez
Expresidente de la Federción de Asociaciones Vecinales de Valladolid


Ver en línea : MONOGRÁFICO EN LA WEB DE LA FEDERACIÓN: ¡Salvemos el yacimiento arqueológico de la Plaza de la Antigua