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Represión de la pobreza

La prohibición expulsa sin multas a los mendigos de las calles

Las ONG que los atienden creen que puede ser algo temporal, donde más se nota el descenso es en la rotonda de San Agustín y todavía se pide limosna en las puertas de algunas iglesias

Domingo 27 de mayo de 2012 · 29 lecturas · rss article rubrique


Metafóricamente son ciudadanos invisibles. Pasamos a su lado con la mirada perdida hacia el horizonte para hacer como que no los vemos, aunque en el fondo somos conscientes de que están ahí. Estaban. Desde la entrada en vigor de la ordenanza que prohíbe la mendicidad en las calles de Valladolid, parece que se los ha comido la tierra y los lugares habituales en los que había personas pidiendo están hoy vacíos.

No quiere decir que ya no haya mendigos en la ciudad, pero su presencia no es constante. En la esquina de la plaza de España con la de Madrid ya no está la mujer de unos 50 años que yacía allí todas las mañanas. En la calle Miguel Íscar y la Academia de Caballería ya no hay ni rastro del joven con malformaciones en sus piernas y brazos. El anciano de la muleta que frecuentaba la calle Santiago también ha desaparecido. Las puertas de los supermercados del centro están vacías, también, al igual que en los mercados municipales del Val o el Campillo.

La calle Teresa Gil, donde hasta hace sólo dos meses había tres mendigos pidiendo, en la iglesia de San Felipe Neri, junto a unos recreativos y a las puertas de un convento, tampoco queda nadie más que transeúntes.

Los semáforos de la rotonda de San Agustín también se han quedado desiertos. Ya no hay nadie que pida dinero a los conductores. Al igual que en la avenida de Salamanca o en el cruce de García Morato y el Arco de Ladrillo. Ni rastro. Solamente las puertas de algunas iglesias, como San Benito, El Santuario o los jesuitas de Ruiz Hernández mantienen a sus ’habituales’ mendigos durante gran parte del día.


Fuente: Texto: Pablo Álvarez, Diario de Valladolid-El Mundo, 27-05-2012.