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Vertedero municipal

El vertedero duplica su extensión para prorrogar su vida útil hasta 2048

La superficie de las futuras instalaciones será de 61 hectáreas frente a las 35 hectáreas actuales que se van sellando y reforestando al tiempo

Jueves 3 de noviembre de 2011 · 276 lecturas · rss article rubrique


El vertedero de la capital vallisoletana, que también recibe las basuras de varias mancomunidades de la provincia, tiene una vida útil de siete años. Por eso el Ayuntamiento de Valladolid ha cerrado la expropiación de diez hectáreas para su ampliación y ultima la enajenación de otras dieciséis. En total, una superficie nueva de 26 frente a las 35 hectáreas actuales. Se trata de una intervención con un horizonte de tres décadas, aunque lo cierto es que estas instalaciones año a año van recibiendo menos cantidad de residuos con motivo del incremento del reciclaje y ante el aumento de la tecnología en las dependencias con este mismo motivo. Es decir, el ritmo de llenado del vertedero actual está ralentizándose por momentos, una circunstancia en que la crisis económica también interviene: la caída del consumo.

El equipo de Gobierno tendrá en propiedad en este mandato una extensión equivalente a 51 campos de fútbol para ampliar el vertedero en el mismo punto: entre los términos municipales de Valladolid y de Villanubla. En la actualidad, el vertedero como tal ocupa las 35 hectáreas, junto a otras 12 anexas donde se erigen las instalaciones del centro de tratamiento de residuos sólidos urbanos (90 campos de fútbol entre las dos). Así, el espacio ampliado será para el vertedero en sí, donde se depositan los residuos sin valorización. El concejal de Desarrollo Sostenible, Jesús Enríquez Tauler, ha confirmado este extremo a El Día de Valladolid, una previsión de ampliación que también destaca por el ahorro porque las dependencias destinadas a la clasificación y tratamiento de las basuras están allí mismo y, por tanto, no deberán trasladarse a ningún otro emplazamiento como sucediese en el caso de que la ampliación hubiese realizado en otro punto de la ciudad. En resumen, remarca el edil, «previsión con la ampliación del vertedero y contención del gasto».

El director del servicio municipal de Limpieza, Emilio García-Parra, por su parte, destacó «la conveniencia de la actual ubicación al encontrarse en un páramo, por la idoneidad de la mineralización del propio terreno y porque la carencia de grandes rachas de viento de manera habitual originan que las molestias a la población por olores sean muy esporádicas». Esto, junto con los informes técnicos correspondientes, han conllevado la optimización de la planta con la redacción de un protocolo para el control de olores a través del estancamiento de las instalaciones y mediante los factores meterológicos existentes en un momento dado.

Con todo, pese a la necesidad del terreno expropiado, lo cierto es que una importante zona del vertedero actual está en pleno proceso de reforestación y adquiriendo un aspecto semejante al páramo al haberse sellado «muchas» partes.

Menos residuos

La ampliación del vertedero será una realidad en los próximos años aún con la paradoja de que la planta de tratamiento ha recibido un 8 por ciento menos de residuos en los últimos dos años o, lo que es lo mismo, más de 16 mil toneladas de basuras menos en ese mismo periodo. Este descenso responde a dos causas mencionadas: los ciudadanos generan menos basuras por bajada del consumo y por una mayor concienciación ciudadana por reciclar.

El vídrio y el papel encabezan la lista de elementos reciclados por los vallisoletanos, así como los residuos orgánicos. Unas basuras que son tratadas en la planta contigua al veretedero: tras la llegada de decenas de camiones diarios de los servicios de recogida de ciudad y provincia, los desperdicios orgánicos e inorgánicos están depositados en un foso de grandes dimensiones desde donde se distributen según su clasificación por las líneas correspondientes. Es en este momento cuando varios trabajadores clasifican los residuos en las mismas cintas para retirar los artículos erróneamente clasificados hasta acabar en los túneles de fermentación (orgánica) o en los depósitos correspondientes de latas o plásticos (inorgánicos). Las dos clasificaciones tienen salida en el mercado: la primera a través de compost (ciclo aeróbico con alta presencia de oxígeno de descomposición de la materia orgánica), que se minimiza en la medida de lo posible, y la segunda para vender a las empresas del sector que se dedican a su reciclaje o, en último término, los residuos rechazados, sin valoración, se degradan en el vertedero contiguo.

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Planta de tratamiento de residuos sólidos urbanos, en el término de Valladolid colindante a Villanubla. Fotografía: El día de Valladolid.

Puntos negros de los olores en la ciudad

El vertedero acumula 35 días de episodios al año con expansión de hedores • El otoño y primavera son las estaciones más propensas

El vertedero municipal, el estancamiento del cauce del río Pisuerga, la red de alcantarillado, la estación depuradora, las fábricas próximas al entorno urbano, los abonos agrícolas o algunas vertidas casi al exterior como al arroyo de Zaratán son los principales causantes de los malos olores en la capital vallisoletana, además de unas condiciones meteorológicas propicias para lograr un ambiente enrarecido. Los episodios más negativos se registraron durante el mes de septiembre, pudiéndose dar las condiciones más negativas los días de intensas rachas de vientos y donde exista una diferencia considerable de temperaturas entre la máxima y la mínima.

Los controles en la planta de tratamiento de residuos sólidos son «máximos» para evitar precisamente una proliferación de los hedores procedentes tanto del vertedero como del propio proceso de clasificación de las basuras. Políticos y técnicos son conscientes de que cuando los malos olores se advierten en los distintos barrios de la capital vallisoletana lo más recurrente es creer que provienen del vertedero, pero lo cierto es que los episodios de olores se producen un máximo de 30 ó 35 días al año, siendo las estaciones de otoño y primavera las principales. El responsable municipal de la planta de tratamiento, Javier Ruiz Monge, así lo ha explicado, a la vez que apunta al protocolo de control de olores existentes que abarca desde el estancamiento de las instalaciones (la última inversión fue la colocación de puertas estancas y automáticas en los accesos al foso donde los camiones descargan las basuras) hasta un estudio olfatométrico, pasando por la puesta en marcha de una estación meteorológica que advierte de posibles situaciones de riesgo derivadas de la propagación a través del viento.

El primer escollo que se encuentran los técnicos es la ausencia de normativa reguladora para el control de olores en España. Así, los episodios más negativos se producen con presión atmosférica alta y destacable diferencia de temperaturas. Tanto en las instalaciones del vertedero como en otras como la estación depuradora de aguas o la red. Tampoco pueden evitarse el abonado mediante purines agrarios, pero lo cierto es que en próximas fechas el edil de Desarrollo Sostenible, Jesús Enríquez, tendrá varios encuentros con el sector agrícola del alfoz y analizar la cuestión.

Con todo, además de la verificación en la planta, existen una serie de medidas paliativas que se llevan a cabo como el control estricto con tierra del vertedero, la pulverización del foso y las líneas de clasificación o los enmascaradores de olores sobre residuos.

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Lecho de madera para purificar la solida de oxígeno del área de fermentación. Fotografía: El Día de Valladolid.

Fuente: Texto: Luis Amo, Fotografía, El Día de Valladolid, 03-11-2011.