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Opinión: Enrique Berzal

"Escuela ciudadana de lucha por la democracia"

La tesis doctoral del historiador vallisoletano Constantino Gonzalo Morell desvela el papel de las asociaciones de vecinos vallisoletanas en la oposición al franquismo

Domingo 2 de octubre de 2011 · 191 lecturas · rss article rubrique


Las autoridades franquistas lo tenían tan claro como los militantes clandestinos de partidos y sindicatos: en el seno de aquellas barriadas obreras vallisoletanas estaba cociéndose algo muy gordo, palpitaban corrientes de participación, se escuchaban los gemidos de una balbuciente democracia. Y es que entre el barro, la insalubridad y la miseria de aquel extrarradio vallisoletano, de aquel panal de casas molineras y viviendas subvencionadas habitadas por familias proletarias e inmigrantes del campo, se estaba fraguando el empuje popular hacia un futuro inevitablemente democrático.
Pequeños islotes de democracia en el Valladolid de la dictadura, eso es lo que eran aquellas asociaciones de vecinos de principios de los setenta, piezas esenciales dentro de la lucha por las libertades en el Valladolid de los últimos años del franquismo. Su labor, determinante para comprender lo que ocurrió en la ciudad a partir de 1979, ha sido recogida en la tesis doctoral de Contantino Gonzalo Morell, ’Movimiento vecinal y cultura política democrática en Castilla y León. El caso de Valladolid (1964-1986)’.

Inquietudes pioneras

Una parroquia, algún que otro «cura obrero», militantes de partidos clandestinos con ansia de lucha y un pequeño grupo de personas inquietas; conciencia social, preocupación por los problemas del barrio y sensibilidad hacia la situación material de las clases más humildes. No otros fueron los ingredientes que, convenientemente mezclados, posibilitaron la creación y desarrollo de las primeras asociaciones de vecinos en la ciudad.

Claro está, a lo más espontáneo y popular vinieron a sumarse las consignas de partido, las inquietudes religiosas y el ejemplo de otros barrios españoles. Un aderezo más: la voluntad explícita de reunirse y participar libremente, de aglutinar a la gente y superar el paternalismo oficial; en definitiva, la decisión, por parte de aquellas personas, de erigirse en protagonistas y únicos responsables del avance, material y moral, del barrio.

Que en dichas asociaciones latían sentimientos contrarios al régimen es algo incuestionable, tanto como que tuvieron que transigir con la legislación franquista, establecida en este caso en 1964, para poder constituirse como Asociación de Cabezas de Familia. Pero lo que vino a continuación nada tuvo que ver con el hálito paternalista y autoritario del régimen de Franco; más bien, todo lo contrario.

Los primeros pasos se dieron en los barrios de Delicias y Rondilla. Los inicios de la Asociación de Delicias aparecen muy ligados a la Iglesia, más concretamente a la labor de un par de clérigos y de una comunidad cristiana formada por miembros de JOC y HOAC. Todo comenzó en 1968-1969, a partir de un trío formado por Carlos Fernández Cid, dominico que venía de Guatemala con el propósito de insertar a la Iglesia en la realidad obrera; el segoviano Millán Santos, párroco de Santo Toribio, y Juan Antonio Cañada, obrero de FASA y militante cristiano. Tras numerosos contactos y una encuesta que reflejaba las pésimas condiciones de vida de la barriada, en octubre de 1972 se oficializaba la asociación y se nombraba una junta directiva presidida por Vicente Sanz Arranz.

También en 1969, el entonces carlista Julio Redondo y el obrero de FASA y militante de Lucha Obrera Antonio Ruipérez iniciaban los trámites necesarios para crear la Asociación de Cabezas de Familia del barrio de la Rondilla, creada formalmente en 1970.

Casi al unísono, e impulsada de nuevo por la Iglesia más comprometida, surgía la Asociación de Vecinos del barrio de La Pilarica, situado junto a la tan temida vía del tren. La parroquia, regentada por una comunidad de jesuitas encabezada por Buenaventura Alonso Gómez (Ventura para todos) y Manolo González López, conocido como ’Manolo Ojos’ y que más tarde sería concejal de Urbanismo en el primer gabinete socialista de Tomás Rodríguez Bolaños, logró aglutinar a militantes cristianos, obreros y demás vecinos, con el objetivo de reivindicar sus derechos. Su creación data de 1972.

Entre 1971 y 1976 surgieron otras asociaciones no menos batalladoras, señala Gonzalo Morell (Belén, Huerta del Rey, San Andrés, Girón, Pajarillos, Zona Sur, La Victoria, San Pedro Regalado, etcétera).

Por el barrio y la democracia

La labor más urgente de las asociaciones fue conseguir mejoras materiales que terminasen con la penosa situación de sus barrios. Todas ellas consiguieron, en mayor o menor tiempo, zonas verdes, colegios públicos, alumbrado, agua potable, alcantarillado, pavimentación, nuevas y mejores viviendas, etcétera. Pero, sobre todo, consiguieron convertirse en auténticas escuelas de democracia y participación, hervidero de líderes sociales y punto de mira, nada amable, para las autoridades franquistas.

La tesis doctoral aporta infinidad de ejemplos; desde la labor emprendida por la Rondilla en 1975 en favor de nuevas viviendas y el bloqueo de la carretera de la circunvalación por parte de 200 amas de casa en petición de un «Delicias más limpio» hasta, desde luego, la famosa manifestación organizada el 1 de marzo de 1974 por la Asociación de la Pilarica en protesta por el atropello de una niña que atravesaba la vía del tren.

También desde las asociaciones se fomentó la participación ciudadana mediante la organización de las fiestas del barrio, actividades lúdico-deportivas y culturales. Incluso algunas trataron de influir en la política municipal mediante la presentación, en aquellas elecciones de la época franquista, de los denominados candidatos por el Tercio Familiar. Era imposible disociar la lucha vecinal de la contestación obrera. De ahí que las asociaciones dispensaran un apoyo determinante a los obreros en huelga en FASA, construcción, SAVA, NICAS y Michelín, las protestas, organizadas por la Asociación de Delicias, contra los despidos decretados en febrero de 1975 por la empresa Monel, SA, las informaciones difundidas en los respectivos boletines, o el comunicado, publicado en mayo de este mismo año, en solidaridad con obreros y estudiantes en huelga.

Tras la muerte de Franco, las Asociaciones de Vecinos protagonizaron numerosas acciones en favor de lo que denominaban una democracia auténtica; entre ellas tenemos, por ejemplo, las peticiones de los vecinos de la Rondilla en favor de «Ayuntamientos democráticos», de «representatividad y participación ciudadana», el acuerdo, por parte de la Asociación de Delicias, de no reconocer al alcalde elegido en enero de 1976, el amparo a los obreros que se manifestaron el 1 de mayo, las peticiones de una fiscalidad justa, o el apoyo a la famosa ’huelga de las basuras’, iniciada en el verano de 1978 contra el Ayuntamiento de Manuel Vidal.

Enrique Berzal
Historiador y profesor de la Universidad de Valladolid


Fuente: Texto: Enrique Berzal, El Norte de Castilla, 02-10-2011.