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Comunicado de Izquierda Unida

El Grupo Municipal de Izquierda Unida propone la redacción de una ordenanza “de buena convivencia” que sustituya a la “antivandálica” e integre otras normas municipales

Izquierda Unida cree que entre las razones que hacen necesaria la reconsideración de la actual normativa está la evidencia de su fracaso en nuestra ciudad ya los actos sancionados han aumentado un 52% en cinco años, mientras que otras ciudades han conseguido ir reduciendo las sanciones

Martes 19 de julio de 2011 · 101 lecturas · rss article rubrique


Valladolid, 18 de julio de 2011

Ante las manifestaciones de los últimos días, en las que el gobierno municipal ha expresado su intención de modificar la ordenanza conocida como “antivandálica”, Izquierda Unida quiere expresar que, considera muy positivo que se replantee la regulación existente, y se aproveche ese proceso para revisar en profundidad sus mecanismos y promover una mejora de la convivencia ciudadana. Izquierda Unida tiene la intención de aportar propuestas, que espera sean bien recibidas.

Izquierda Unida cree que entre las razones que hacen necesaria la reconsideración de la actual normativa está la evidencia de su fracaso en nuestra ciudad. La Memoria anual de 2010 de la Policía Municipal lo pone de manifiesto, al constatar que, en una ordenanza cuya denominación apunta hacia la prevención de una serie de comportamientos que se consideran “antisociales” o vandálicos, los actos sancionados han aumentado un 52% en cinco años, mientras que otras ciudades han conseguido ir reduciendo las sanciones. Con semejante punto de partida no parece lo más razonable que la revisión de la norma insista en su carácter, casi exclusivamente represivo, ampliando, sin más, las sanciones. Ni tampoco que se añadan al catálogo de conductas a sancionar algunos supuestos más que discutibles.

Las declaraciones de Javier León de la Riva, sin desperdicio como suele ser habitual, parecen insistir en algunos de los errores de base que, en nuestra opinión, arrastra la actual ordenanza:

  • Se plantea desde la perspectiva de la seguridad y el orden público, que no están bajo amenaza en esta ciudad. Es una cuestión fundamentalmente de cultura.
  • Mezcla hechos que efectivamente son vandálicos, muchos de los cuales ya son considerados como delictivos, con otros actos que pueden ser más o menos rechazables, bonitos o feos, según la óptica con la que se miren, pero desde luego no incivilizados.
  • Se plantea exclusivamente en términos de prohibición y sanción, intentando disuadir mediante la amenaza y sin facilitar alternativas.
  • Se redacta desde una absoluta desconfianza hacia la ciudadanía, presuponiendo el carácter incívico de colectivos cada vez más amplios, y sin participación alguna.

Izquierda Unida propone que se replantee radicalmente la citada ordenanza, sustituyéndola por una nueva Ordenanza de Buena Convivencia. Creemos que las conductas realmente perniciosas para la ciudad son muy escasas y, por tanto, no podemos regular la vida social como si viviéramos entre vándalos. La nueva ordenanza que proponemos debería partir de los siguientes principios:

  • Hay que actuar, en su redacción, con más cuidado y atendiendo a una mayor complejidad de los hechos y los comportamientos, integrando además actuaciones preventivas y educativas.
  • Hay que plantear la buena convivencia como un asunto fundamentalmente cultural y que, por tanto, debe trabajarse a medio y largo plazo y con la perspectiva de construir colectivamente una mejor vida en común, restringiendo las prohibiciones y sanciones a los casos realmente necesarios.
  • Debe fomentar un papel de la Policía más centrado en la información, la educación y la colaboración con la ciudadanía y los agentes sociales, que no se limite a perseguir y sancionar conductas, sino que también contribuya a mejorar las relaciones vecinales.
  • Debe hacer un especial esfuerzo por analizar socialmente el origen de los comportamientos conflictivos, partiendo siempre del punto de vista de las personas que más necesitan la ciudad para poder ejercer sus derechos. Así, debemos pasar, por ejemplo, del escueto “prohibido orinar en la calle” a facilitar urinarios públicos bien distribuidos; del “prohibido bañarse en la calle” a habilitar espacios donde refrescarse; de la pretensión de erradicar la mendicidad escondiéndola a llevar a cabo políticas sociales integradoras.
  • Y por último, debe redactarse de manera especialmente participativa. Manejamos opiniones muy diferentes sobre qué es perjudicial o beneficioso para la imagen de la ciudad, y afrontamos cuestiones que, como hemos dicho, obligan a trabajar a medio y largo plazo. El “ordeno y mando” no es el mejor camino para abordar este tipo de cuestiones.

Grupo Municipale de Izquierda Unida

Manuel Saravia Madrigal
María Sánchez Esteban
Alberto Bustos García


ANEXO 1

En los últimos días se han podido leer unas nuevas declaraciones del Alcalde de Valladolid en las que manifestaba la intención de su grupo de modificar (“endurecer” fue el término preciso) la ordenanza conocida como “antivandálica”, pero de nombre aún más llamativo: “Ordenanza Municipal sobre Protección de la Convivencia Ciudadana y Prevención de Actuaciones Antisociales”. Se trata, al parecer, de intensificar algunas técnicas supuestamente disuasorias, como la multiplicación de cámaras de vigilancia o el incremento de la cuantía de las sanciones, además de incorporar nuevos asuntos al listado de actuaciones prohibidas. Concretamente se habló de mendicidad, prostitución y nudismo, aunque con expresiones muy significativas.

Sobre la mendicidad: dice nuestro “primer edil” (está claro que tenemos que dejar de leer tanta prensa) que se pretende “erradicar”, aunque más bien parece tratarse de ocultar y desplazarla. Se asume “la proliferación de indigentes por las calles” en los últimos tiempos, porque “se sospecha” que hay mafias organizadas “que incluso llegan a distribuir a los propios mendigos en unas u otras esquinas”. Sobre la prostitución: leemos en la prensa que se quiere “hacer un cerco a la prostitución a través de sus clientes y de los proxenetas”, de manera que se “garantice la salud e integridad de las prostitutas”. Y sobre el nudismo “lo primero que se quiere prohibir es andar por la calle sin camiseta, ni tampoco pasear así en bicicleta”.

Todo ello, por supuesto, trufado de una serie de expresiones costumbristas, marca de la casa. Primero: “Nadie se debe molestar si al que rompa una farola o un banco le cobramos veinte”. Después: “No voy a tolerar que en la Plaza del Milenio unas en bragas, otros en calzoncillos y otras en biquini piensen que la fuente es una piscina municipal”. Finalmente: “Se bajan los nenes con el bañador y la toalla; la gente no acaba de entender las cosas”. Farolas, bragas, nenes. Vale.

Más allá del chascarrillo, lo llamativo es que tanto en los “malentendidos” de la Plaza del Milenio (qué guerra está dando esta plaza) como en la farola rota, en la mendicidad en las calles o en la presencia de prostitutas también en los espacios públicos se van a justificar nuevas prohibiciones por las molestias que se causan al vecindario. Unas molestias originadas fundamentalmente por el aspecto supuestamente inadecuado (“molesto”) que cobra la ciudad o algunas de sus calles: aquí se bañan “los nenes”, ahí vemos un mendigo sentado en el suelo o durmiendo en un cajero, más allá unas mujeres con shorts excesivamente cortos y, rematando, al fondo, unos jóvenes descamisados. Imagen, imagen, imagen.

Junto a ello, también hemos conocido en estos días la Memoria de la Policía del pasado año 2010. “Mientras la entrada en vigor de la correspondiente ordenanza antivandalismo de muchas ciudades españolas ha conseguido reducir las sanciones por conductas incívicas en las calles, en la capital vallisoletana sucede la circunstancia contraria”, leemos en la información periodística. En efecto, los actos sancionados crecieron nada menos que un 52% en los últimos cinco años. Por tanto, lo que se pone de manifiesto es:

1º. El énfasis populista, centrado en la imagen de la ciudad y en propuestas de mano dura, que subyace en las declaraciones del Alcalde.

2º. El fracaso de la política llevada hasta ahora en Valladolid. Y sin embargo se insiste no sólo en mantener la línea seguida hasta ahora, sino en reforzarla.

Por tanto, nos encontramos con el reconocimiento del fracaso y el propósito de insistir en la misma línea, ampliando sanciones y casuística: tal es el curioso panorama que nos ofrece ahora el Ayuntamiento vallisoletano sobre esta cuestión.

Una propuesta bien hecha:
15 puntos para el planteamiento

En IU creemos que se deben plantear bien las cosas desde el principio y que deben verse en su conjunto. No bastan medidas aisladas ni ordenanzas sobre asuntos puntuales, como la que comentamos. Ni tampoco basadas en medidas exclusivamente (o casi) represivas, como la que comentamos.

UN ASUNTO COMPLEJO, LAS COSAS NO SON TAN EVIDENTES

1. Lo que se ve y lo que no se ve. En este tema hay un exceso de tremendismo. Como en los edificios antiguos, que hay quien los ve en ruina porque tienen mal aspecto exterior, aunque sean sólidos, algunos se empeñan en ver nuestra sociedad en mal estado por cuatro anécdotas menores. Y si en los edificios hay que investigar sobre todo el estado de los cimientos y la cubierta (es decir, lo que no se ve), en el edificio social convendría igualmente dejarse llevar menos por las apariencias. No se puede actuar como si estuviésemos entre vándalos cuando en pocos periodos históricos hemos estado en tan buena situación de convivencia.

2. Cuidado con las “evidencias”. Mucha gente considera, por ejemplo, que es “evidente” que la mendicidad debe desaparecer de las calles, aunque sea con medidas represivas. Pues bien: no es evidente. Otros consideran que ir sin camiseta degrada la imagen urbana. Pues bien: tampoco es evidente esa apreciación. Mucha gente asume que las pintadas son indicadores de decadencia… pero ahí está Bansky cotizando. Otros piensan que en la calle, por supuesto, al lado de sus casas, pueden dejar la lavadora vieja. Pues bien: tampoco está claro (de hecho, no se puede). Algunos creen que pagar un determinado servicio da patente de corso en sus instalaciones. Pues bien: tampoco es evidente. No se ve bien que los muchachos vayan sin camiseta, pero muchos albañiles tampoco la llevan (¿los van a multar?) y en la Partydance va sin camiseta mucha gente (¿los van a multar?). Está prohibido consumir alcohol en la calle… salvo cuando lo dice el Alcalde. Todo es complicado y conflictivo. Las cosas no son tan evidentes como muchos creen. ¿Por dónde empezar a plantearlo bien?

3. Por de pronto, debería admitirse que siempre habrá conflictos entre personas y grupos, y que el conflicto mismo es saludable.

4. Debería admitirse también que siempre habrá “trolls” (en todos los grupos; también entre la Policía, y también en la política, no lo olvidemos). Es decir: que en todos los grupos siempre un porcentaje de gente dispuesto a romper la convivencia. Por supuesto, nadie defiende que se rompan bancos o farolas. ¿Alguien lo duda? Pero muchos piensan que plantearlo únicamente en términos represivos, dirigidos hacia determinados grupos, no sólo no es efectivo sino que suele tener consecuencias muy negativas para esos mismos grupos. Hay que tomar medidas, pero hay que cuidar mucho esas medidas que se toman. No cabe actuar a la ligera, en plan far west.

5. No conviene olvidar el papel del alcohol en muchos de los comportamientos punibles que se tratan en la ordenanza.

6. Y por supuesto, habrá problemas de definición entre los distintos temas a que aluden estos debates. Hay que plantear soluciones complejas. No se puede ir con el mazo de la represión, sin más. Hay que actuar con más cuidado y mayor complejidad, integrando actuaciones preventivas y educativas. Hay que discernir entre actos que, efectivamente, son vandálicos (muchos de los cuales ya son considerados como delictivos), con otros que pueden ser más o menos rechazables, bonitos o feos, según la óptica con la que se mire, pero en absoluto “vandálicos”.

UN ASUNTO DE CULTURA

7. ¿Dónde situarnos? El debate que planteamos tiene que ver, sin duda, con ese concepto de “orden” tan cercano a la seguridad y tan querido por el PP habitualmente. Pero, aunque ciertamente, en algunos casos, aluda a la seguridad, se trata sobre todo de un tema de cultura. La seguridad no parece muy amenazada. No lo llevemos ahí.

8. Como tal asunto de cultura, debe verse en el conjunto de las ordenanzas municipales que se refieren a cultura (tan poco sistemático, con tantas repeticiones, asuntos confusos, con tantos temas que no corresponden con la legislación de orden superior, habilitante, etc.). Las ordenanzas que recogen estas cuestiones a las que se refería el punto 1 deben ser unas ordenanzas que informen la convivencia. De hecho, eso era lo que tradicionalmente se tenía, y que convendría no olvidar (con todos los matices que se quiera, naturalmente). Proponemos unas ordenanzas de conjunto de “buena convivencia”, sintéticas de lo disperso por todo el entramado ordenancístico de la ciudad.

9. El papel de la policía. Es significativo el papel que debe jugar la Policía en este contexto. Pues son agentes “del orden”, pero también del “orden cultural”. Su trabajo ni se reduce ni se tiene por qué centrar en el aspecto represivo, sino también en una presencia cotidiana, accesible y de servicio a la ciudadanía en todos los órdenes.

10. El papel de los demás. Es necesario, especialmente en esta cuestión, dar ejemplo permanente desde las instituciones, con el Alcalde a la cabeza, eliminando la incívica dinámica del insulto, la descalificación y el rechazo del diálogo como forma de avanzar colectivamente.

REFERENCIAS DE PARTIDA

11. Cuál ha de ser la referencia para construir las nuevas ordenanzas. Se debe partir del “último ciudadano”, pensar en que él es, precisamente, quien más necesita el espacio urbano, la ciudad. Y que siempre va a parecer a muchos que ese “último ciudadano” tiene “mala imagen”, por definición. La cultura de la ciudad debería enfocarse desde el punto de vista del último ciudadano. De manera que, visto así, muchos de los preceptos de la norma cambian de perspectiva. Del “prohibido orinar” en la calle a la necesidad de urinarios; del “prohibido mendigar” a suprimir los bancos “antiindigentes”; del “prohibido bañarse” en los surtidores a la posibilidad de refrescarse en ellos, etc.

12. Evitar, en segundo lugar, la estigmatización de grupos y zonas (recordar textos de Wacquant). En el punto en que se habla de mendicidad (se pretende "erradicarla") se debería hablar de la contradicción entre querer erradicarla escondiéndola, para que no sea visible y el no actuar en materia de política social, es decir, una vez más el PP no afronta los problemas de la ciudad yendo a la raíz del asunto, sino escondiendo los problemas debajo de las alfombras, sin darse cuenta de que está tratando con personas. Además las normas sancionadoras no pueden redactarse pensando en determinados colectivos: las normas deben de tipificar conductas y no señalar a personas como sospechosas por su condición social o su aspecto. Las medidas represoras de la ordenanza “antivandálica” han perjudicado especialmente a jóvenes y personas más débiles socialmente.

LA IMAGEN DE LA CIUDAD, COMPLEJIZADA Y RECONSIDERADA

13. La imagen de la ciudad amable. Conviene establecer espacios lúdicos y recreativos con agua para beber, jugar y refrescarse y no sólo para ser observados. ¿No era esa la fórmula que se prometió en el Milenio? Lo mismo, por ejemplo, que el apoyo al pequeño comercio local que haga que tengamos unas calles, vivas, activas, luminosas, transitadas. Una ciudad limpia, pero ¿qué significa ciudad limpia? Una ciudad segura, pero ¿qué es segura? Moderna, dinámica. Es llamativa la doble vara de medir. Por ejemplo, no parecen considerarse molestos los “cacharros” con pantallas luminosas que se han instalado en distintos espacios públicos, en algunos casos realmente molestos a la vista, a la estancia y al tránsito.

14. Y como es un tema complicado, y un tema de cultura, es preciso definirlo con la colaboración de todo el mundo. Para dar densidad, complejidad, conviene la participación. Unas ordenanzas que, para ser creíbles y efectivas, deberían redactarse con la colaboración y participación de todo el mundo. Implementar políticas de educación cívica, de mantenimiento del mobiliario urbano y definición de modelo.

15. Por último, importa garantizar que el tono de las políticas sea el adecuado. Porque el tono informa todo lo demás. Un “tono” mal cuidado puede acabar envileciendo. En lugar de buscar la tolerancia mutua, la valoración positiva de la mezcla (es decir: admitir como buena la presencia de cosas, de imágenes que no nos gustan), puede llevarnos al desprecio mutuo. Por tanto, se trata de hacer una ordenanza entre todos, en positivo, buscando el tono colaborador, de carácter tolerante. Y en ello trabajaremos (a partir del año que viene, dentro del proyecto social de IU Valladolid).


ANEXO 2

Al margen de otros temas adyacentes, que muy poco tienen que ver con el grueso de la normativa, los asuntos de que trata la Ordenanza “antivandálica” son básicamente cinco: limpieza, ruido (y similares), tránsito, deterioro de elementos públicos e imagen. Todos, o casi todos ellos están tratados también en otras normas. A veces con enunciados concurrentes, incluso idénticos en algún caso, pero otras veces diferentes.

En relación a la limpieza la Ordenanza se centra en las pintadas, los carteles, arrojar octavillas, arrojar basuras (en varios lugares), escupir, orinar, residuos orgánicos de animales, lavado de automóviles, etc. Pues bien, sobre el “estado de limpieza”, en general, de los espacios, se habla en el Reglamento de limpieza, recogida y eliminación de residuos sólidos urbanos (1998), como también se hace de casi todos los epígrafes de este mismo asunto. Los carteles se regulan, por supuesto, en la Ordenanza de publicidad exterior (2001). La prohibición de escupir se recoge concretamente en un documento de 1904, pero también aparece explícitamente en las Ordenanzas Municipales de 1924, de las que se dice en la web municipal que “algunos artículos” siguen vigentes (¿cuáles?: no se sabe). Allí se habla (era de esperar) de la prohibición de orinar, si bien se relaciona con la existencia de “recipientes urinarios” en la ciudad. Algo parecido a lo que sucede con el tema de las papeleras, pues en el Reglamento de Limpieza se establece la prohibición de tirar papeles al suelo, pero también se regula la obligación de disponer papeleras.

Los ruidos, olores y molestias por vibraciones (no hemos visto nada por deslumbramientos, aunque puede suponerse que también esté implícitamente regulado) se mencionan en el Reglamento de Protección del Medio Ambiente (2002), donde se regula el horario de las obras, de la carga y descarga, el uso de señales acústicas, etc. Respecto al tránsito, la Ordenanza “antivandálica” dice: “Los ciudadanos utilizarán las vías públicas conforme a su destino y no podrán impedir o dificultar deliberadamente el normal tránsito peatonal o de vehículos por los paseos y por las aceras y calzadas de aquéllas”. Desde luego, estos temas aparecen profusamente desarrollados en el Reglamento de Tráfico, Aparcamiento, Circulación y Seguridad Vial (2005) y, de algún modo, en el Plan Integral de Movilidad Urbana (2005). Si bien estos asuntos ya se trataban desde mucho antes. En las Ordenanzas Municipales de 1924 se habla de la “libre circulación”. E incluso en el Reglamento de Prestación del Servicio de Autobuses (1982) se plantea esa necesidad de permitir el libre movimiento ¡dentro del autobús! Por cierto, debería leerse cuidadosamente la forma en qué está redactado el funcionamiento de los semáforos en la fase naranja.

La prohibición del deterioro de elementos públicos está, como era de esperar, en varios lugares de las diferentes normas municipales. Por supuesto, en Ordenanzas Municipales de 1924 (art. 221), donde se citan especialmente los “faroles” y los bancos. Pero también se tratan en la Ordenanza reguladora de Terrazas en la vía pública (1999), en el Reglamento del Albergue (2006), el de los Centros Cívicos (2006) y en otras normativas aún más recientes. De la imagen (o al menos, como aquí se entiende que las distintas normas aluden a la imagen pública) se trata, por ejemplo, en el art. 565 de las Ordenanzas de 1924, donde ya se establece que “se prohíbe lavar ropas, arrojar basuras, bañarse y echar a nadar perros u otros animales en las fuentes”. Por cierto, la exigencia de la Ordenanza “antivandálica” de que “por razones de estética y de higiene está prohibido almacenar o apilar productos o materiales junto a las terrazas” no la hemos encontrado en ningún otro lugar. Pero sí lo que se refiere al cuidado de los parques, árboles, césped, etc.

Es curioso que en una ordenanza que se titula de “Protección de la convivencia ciudadana y prevención de actuaciones antisociales” no sólo no aparezcan algunas “actuaciones antisociales” por excelencia (corrupción, especulación, usura, y otras más de semejante importancia), sino que ni siquiera se recojan asuntos específicos de la convivencia que sí están en otras regulaciones. Por ejemplo, lo relacionado con la tenencia de perros u otros animales, que suele ser objeto de conflictos entre vecinos y sólo se tratan en la Ordenanza que comentamos por sus deyecciones. Hay muchos otros aspectos del Reglamento de tenencia y comercialización de perros (1999) que deberían integrarse. Y también sorprende que no se diga nada de los conflictos originados por “insultar y ofender a otros usuarios”, “tener altercados con el conductor o encargado”, “portar o exhibir armas”, “falta de compostura, por sus palabras, gestos o aptitudes ofendan al decoro”, y otras expresiones semejantes, que se leen en el Reglamento de las Piscinas Municipales, el de los Centros Cívicos, el del Albergue, el del Espacio Joven, el del Servicio de Autobuses, etc. También extraña que no aparezcan expresiones generales, del tipo “no causar molestias”. (A veces se afina. Por ejemplo, en el art. 44 del Reglamento de Tráfico se prohíbe a los peatones “correr, saltar o circular de forma que moleste a los demás transeúntes”: qué cosas). O la necesaria pretensión del trato cortés y los buenos modos por parte de los funcionarios públicos y también de las autoridades. El Reglamento de Policía Municipal (1997) es muy explícito; y las Ordenanzas de 1924 también se extendían sobre las “palabras obscenas”: ¿seguirá vigente?

También llama la atención que una norma como la que comentamos no esté relacionada, ni siquiera en la exposición de motivos inicial, con el consumo de alcohol. Es necesario relacionar el comportamiento cívico y el “vandalismo” con la Ordenanza de Prevención del Alcoholismo (última redacción: 2009), sin duda (como hacen algunos otros reglamentos municipales). Por último, y salvo error, los dos asuntos que han salido en la prensa, sobre mendicidad y prostitución, no están actualmente tratados en ninguna reglamentación municipal. De la primera sí se hablaba en 1924: “Existiendo asilos destinados a la verdadera pobreza, se prohíbe mendigar por las calles”; art. 29: ¿seguirá vigente?). Y una cosa más: las sanciones que figuran en unas y otras normas no parecen demasiado equilibradas. Por ejemplo: las infracciones leves de Medio Ambiente se multan “hasta 6.000 euros”, sin más. Las de Publicidad, “hasta 5.000 pesetas” (30 euros). Una infracción grave de la Ordenanza del Servicio de Autotaxi (“palabras o gestos groseros con los usuarios”) se multa entre 401 y 2.000 euros. En otras ciudades se ha criticado que se llegue a multar más por actos de la Ordenanza antivandálica que por otros mucho más peligrosos de tráfico rodado, que ponen en peligro vidas. Hay que ponderar las cosas.


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