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Opinión: Jesús Anta Roca

"Asociaciones en tiempos difíciles"

Es muy probable que el futuro exija de las asociaciones vecinales que presten una especial atención a aquellos aspectos intangibles, poco visibles para la ciudadanía, menos provocadores de consensos, más difíciles de explicar y en torno a los cuales no es fácil crear movilización en tiempos de crisis

Lunes 25 de octubre de 2010 · 210 lecturas · rss article rubrique


Los cumpleaños son muy útiles si sirven para mirar hacia el futuro más que para disfrutar del pasado. Viene esto a cuento porque en el año que corre se celebra el 30 aniversario de la vallisoletana Federación de Asociaciones de Vecinos Antonio Machado.

Fue en 1980 cuando doce entidades vecinales decidieron crear una plataforma de encuentro para unir esfuerzos, experiencias e impulsar las reivindicaciones más apremiantes en aquellos momentos. Para hacernos una idea rápida, en aquella época aún no se había construido ningún centro cívico y, entre otras muchas carencias, aún muchas calles de la ciudad presentaban un desastroso aspecto urbanístico. Es decir, estaban por abordarse los asuntos más básicos para alcanzar una ciudad razonablemente habitable.

La creación de la Federación Antonio Machado fue un acto de madurez del movimiento vecinal que diez años antes había empezado, aún bajo el franquismo, a salir de la clandestinidad. La primera fue la Asociación Familiar del barrio de la Rondilla (que recientemente mudó su nombre por Asociación Vecinal Rondilla, quitándose el adjetivo “familiar” al que obligaba la legislación franquista). Inmediatamente después vendrían las, también “familiares”, de Belén, Pilarica y Delicias; y seguidamente fueron constituyéndose las demás.

Viene esto a cuento no porque trate de hacer una crónica del asociacionismo vecinal en Valladolid, sino porque los aniversarios merecen ser celebrados, como he apuntado al principio, si sirven para mirar hacia el futuro desde las experiencias del presente y el pasado. Y en este punto, no sería mala idea que el aniversario de la Federación Antonio Machado llegara a los ciudadanos y ciudadanas en general para reflexionar sobre la ciudad que viene. Futuro en el que asoman algunos asuntos inquietantes.

Desde aquellos años en los que lo principal era cambiar el barro de muchas calles por asfalto, construir colegios y disponer de adecuados servicios públicos como el de transporte urbano y el de limpieza; el futuro, sin embargo, nos acerca a tiempos en los que los objetivos que debe mover al movimiento vecinal no tienen contornos tan precisos que susciten tanta adhesión: antes era fácil movilizar a los convecinos para exigir un colegio, un centro de salud, o adecentar un parque. Más difícil es, paradójicamente, exigir que se cumplan derechos elementales, como los Derechos Humanos.

En tiempos de crisis se acentúan los comportamientos racistas y xenófobos, tiende a pararse el camino hacia la igualdad entre hombres y mujeres, la pobreza alcanza a colectivos y familias que ni se lo imaginaban, se relaja la exigencia de un medioambiente más saludable (menos contaminación, menos ruido ambiental…); y la desesperada necesidad de salir de la crisis puede hacer que se tienda a considerar que el gasto social es más prescindible que el gasto en inversión pura y dura: buena parte de los ciudadanos suscriben que se puede rebajar el presupuesto de atención a emigrantes, pero en absoluto debe tocarse la inversión en carreteras

Y es en este punto en el que las asociaciones vecinales deben adquirir un papel relevante: tienen predicamento entre sus socios, conectan muy bien, por su propia naturaleza, con el entorno inmediato; y ligada a las asociaciones vecinales se ha ido tejiendo una buena red social: agrupaciones deportivas, educación de personas adultas, colectivos juveniles, etcétera. Es decir, las asociaciones vecinales, en principio, tienen una buena base para recoger inquietudes pero, también, para hacer pedagogía, porque, desde mi punto de vista, y más en tiempos difíciles, las asociaciones no deben ser sólo notarias de las quejas y reivindicaciones, sino que deben contribuir a crear opinión, a movilizar la solidaridad y a parar movimientos populistas tejidos en torno a aspectos sensibles para la ciudadanía, como pueden ser la exacerbación de la xenofobia o el recorte de derechos para la igualdad. Pero es que, además, no se pueden olvidar los nuevos derechos emergentes, aquellos que no constan en ninguna solemne declaración universal pero que se han ido abriendo camino, entre los que se pueden anotar, entre otros, el derecho a la ciudad, a la movilidad universal, a ser consultado, a la democracia global, a la renta universal, etcétera..

En definitiva, es muy probable que el futuro -que ya está aquí- exija de las asociaciones vecinales que junto a su tradicionales reivindicaciones más cotidianas, presten una especial atención a aquellos aspectos intangibles, poco visibles para la ciudadanía, menos provocadores de consensos, más difíciles de explicar y en torno a los cuales no es fácil crear movilización en tiempos de crisis. Sería bueno que las administraciones públicas ayudaran a este difícil quehacer de los vecinos y la ciudad en general arrimara el hombro.

Jesús Anta Roca
jesusantaroca@hotmail.com


Fuente: Texto: Jesús Anta Roca, Diario de Valladolid-El Mundo->http://www.elmundo.es], 25-10-2010.