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Comunicación del I Encuentro de Jóvenes Investigadores en Historia Contemporánea de la AHC

"La aportación del movimiento asociativo vecinal a la cultura democrática de la Transición en Valladolid: Los vecinos contra la Dictadura"

Presentada por Constantino Gonzalo Morell a la Mesa "Historia social: protesta, relaciones en el mundo del trabajo"

Martes 13 de octubre de 2009 · 1400 lecturas · rss article rubrique


Comunicaciones del I Encuentro de Jóvenes Investigadores en Historia Contemporánea de la AHC
Zaragoza, 2007

Mesa: Historia social: protesta, relaciones en el mundo del trabajo

Constantino Gonzalo Morell
Universidad de Valladolid

INTRODUCCIÓN

Los historiadores reconocemos la importancia de tres colectivos en la lucha por el cambio de régimen y el advenimiento de la democracia: el movimiento obrero, el estudiantil y el giro de la Iglesia católica (con el fenómeno de los curas obreros al frente). Tres fenómenos paralelos y en ocasiones combinados. Sin embargo la comunidad historiadora ha ignorado recurrentemente una cuarta fuerza: el movimiento asociativo vecinal.

Los vecinos aportarán su granito de arena por traer la democracia a nuestro país.

Por desconocimiento o por considerar el fenómeno dependiente de la esfera política – puesto que los vecinos aparte de luchar por mejorar las condiciones de su barrio, serán obreros y militantes de partidos en gran parte- el asociacionismo vecinal ha sido obviado por nuestra comunidad científica, puesto que como señala Tusell: "la oposición social tuvo tres motores fun

damentales que además se fueron sustituyendo con el transcurso del tiempo, aunque, por supuesto, también su acción se solapara. Empezó por ser un oposición del catolicismo organizado para luego provocar la rebelión de los estudiantes y de ella pasar a la protesta obrera. [1]"

Sin embargo defendemos, y en nuestra idea no estamos solos, que el movimiento que apareció en la década de los años sesenta en España en los barrios, significó una importante oposición no sólo al régimen dictatorial sino también a las limitaciones que a la naciente democracia, las nuevas autoridades quisieron imponer.

El movimiento asociativo vecinal es un fenómeno exclusivo de nuestro país, puesto que en los países de Europa Occidental desarrollados y que no viven un período de crisis revolucionaria, el movimiento asociativo ciudadano de carácter global, se ha desarrollado dificultosamente por varias razones. En primer lugar, los partidos y los sindicatos han asumido muchas de las reivindicaciones urbanas, bien directamente, bien a través de organizaciones sectoriales.

En segundo lugar, la Administración local, más eficaz y representativa, muchas veces dirigida por partidos de izquierda en las zonas más populares, resuelve los problemas más inmediatos y recibe las demandas sociales [2]. Que nace por las condiciones infrahumanas que el desarrollismo impone a los nuevos barrios. Bloques de viviendas de deficiente construcción y nulos o muy escasos servicios para las gentes venidas del campo, atraídos por la oportunidad de un trabajo en la ciudad.

El inicio se puede situar en 1964, con la Ley de Asociaciones de 24 de diciembre, que supone un marco legal menos restrictivo. Al amparo de esta ley, aparecen las asociaciones de cabezas de familia, puesto que no pueden, aún, ser denominadas de vecinos, ni llevar el nombre de su barrio.

Como apunta Manuel Castells: Es evidente que no cabe atribuir solamente al movimiento urbano al advenimiento de la democracia en España, pero aquel fue un componente esencial en la creación de una nueva cultura política que procuró amplio apoyo popular a la oposición democrática vinculando la política a la vida cotidiana, alcanzando a los sectores de la clase media, y descalificando el único argumento que quedaba a los defensores de Franco: el régimen había mejorado las condiciones de vida; que quedaba ahora claramente refutado por la oleada de protestas de amplios sectores urbanos [3].

Aunque las asociaciones de vecinos nacen en su mayoría en los años sesenta-setenta, cierto es que alguna de ellas en algunos casos, excepcionales, son anteriores a la guerra civil y subsistieron milagrosamente después. Encontramos algunas asociaciones de calle o de barrios céntricos o tradicionales de este tipo. Con el franquismo y en el marco del Movimiento, se constituyeron las Asociaciones de Cabezas de Familia, en general burocráticas y con escasa vitalidad. En algunas ciudades, a partir de los años sesenta, algunas Asociaciones son ocupadas por elementos activos de los barrios y adquieren un carácter reivindicativo (por ejemplo Zaragoza o Gijón). Las Asociaciones de Vecinos más características se constituyen sobre la base de la Ley de Asociaciones de 1964. Su legalización depende del Gobierno Civil. Recientemente el Ministerio de Gobernación ha ideado una nueva política: legalizar a las Asociaciones si aceptan un patronímico de nombre, de preferencia un santo, con el fin de impedir que asuman representatividad de un barrio. Así se han planteado en Madrid y Sevilla, por ejemplo. Muchas Asociaciones han nacido como resultado de un movimiento reivindicativo que ha hecho aparecer la dimensión colectiva de los problemas, la necesidad de organizarse para defenderse. Otras han tenido su origen en núcleos de ciudadanos interesados por la problemática del barrio, o con una entidad cultural, o también relacionados con alguna organización política.

A veces la Asociación se ha constituido sobre la base de colaboración con la Administración y con objetivos muy limitados (la iluminación, la fiesta mayor, etc.) y luego se ha vitalizado asumiendo la lucha por los intereses del barrio y sus habitantes [4].

Es significativo en este extremo el caso barcelonés, donde las asociaciones se dividen en dos tipos:

  • los «bombilleros», conocidos así no sin cierta sorna, por ser ésta su principal motivación y función, es decir, el adorno no ya de sus barriadas sino de su calle.
  • Las asociaciones de vecinos de barrios, nacidas para defender los intereses vecinales.

Esta diferenciación se podría hacer extensiva al resto del país, puesto que el franquismo en su empeño de «lavado de cara» potenciará un asociacionismo vacío de todo contenido, creando organizaciones que sólo existen de nombre o con una vitalidad muy reducida.

Las ciudades con mayor presencia y fuerza del movimiento vecinal serán aquellas que reúnan los siguientes requisitos:

  • experimentar un incremento poblacional acelerado. Ser centro inmigratorio.
  • Poseer una industria que demande mano de obra.
  • Sufrir un crecimiento urbano caótico.

Madrid o Barcelona, estudiadas respectivamente por Manuel Castells y Jordi Borja, son los casos paradigmáticos. Sin embargo no sólo serán estas ciudades las que presenten organizaciones vecinales; esta será nuestra labor.

BREVE ESTADO DE LA CUESTIÓN

El tema de las Asociaciones de Vecinos (AAVV desde este momento) ha sido foco de atención de muy distintos colectivos, algo explicable por el tema que compete: la ciudad. Por esto, desde arquitectos a sociólogos pasando por urbanistas han estudiado este fenómeno social. Sin embargo son pocos los estudios de historia.

Las figuras más señeras son los sociólogos M. Castells y Tomás Rodríguez Villasante. Destacan también los estudios realizados por J. Borja, Alice Gail Bier o José Mª Berriatua.

Víctor Urrutia clasifica y divide en tres las perspectivas de los investigadores españoles: a) La posibilista o reformista que hace hincapié en las vías democráticas al socialismo y en la vinculación de los movimientos sociales urbanos a las fuerzas de izquierda empeñadas en la consecución de los programas socialistas. b) La sindicalista que sitúa a las asociaciones vecinales como organizaciones reivindicativas, ligadas a la defensa de los intereses vecinales. c) La asamblearia que, definiendo las asociaciones como organizaciones de masas, las localiza en la construcción del «poder popular» y en la articulación de «la clase obrera» en su lucha por el establecimiento de la «democracia directa» [5].

Para los primeros, representantes del materialismo histórico, lo importante del movimiento vecinal es su carga política, con la lucha de clases como telón de fondo, obviando los logros culturales (integración de comunidades rurales en ambientes urbanos).

Para Berriatua, las AAVV deben ser vistas como «sindicatos urbanos» como asociaciones inframunicipales que tienen por objeto la defensa de los intereses vecinales. Su ámbito territorial es una unidad vecinal inframunicipal, el barrio; sus sujetos personales, los vecinos; su fin social, la defensa de los intereses vecinales [6].

Por último, los representantes de las tesis asamblearias coinciden en parte con el análisis marxista, difiriendo en matices.

La mayoría de los estudios acerca de las AAVV se remontan a la transición, quizá por ser éste su momento de auge y mayor fuerza; en la actualidad apenas hay nada publicado, con la excepción de la obra de Roberto Fandiño sobre el barrio de Yagüe, en Logroño [7].

HIPÓTESIS DE TRABAJO

Nuestra hipótesis de trabajo es que las AAVV fueron una inicial y básica unidad de democratización de la sociedad española en general, y vallisoletana en particular. El marco tardofranquista, pese a suponer una leve apertura y un ligero marco de libertades, no es más que la cara amable de la sempiterna dictadura.

El eterno Franco, asesorado por sus tecnócratas y hombres fuerte del Opus Dei, cambia la imagen de invicto Caudillo, vencedor de la Cruzada Nacional, por la de entrañable «cabeza de familia». Es decir, abandona el uniforme y el aspecto punitivo por el traje civil, la cara del desarrollismo que hace convertirse a España en una potencia industrial.

Nuevamente, la Ley de Asociaciones de 24 de diciembre de 1964 es el hito.

Gracias a la nueva cobertura legal, aparecen las primeras AAVV, primero denominadas con el apelativo de «cabezas de familia». Dentro de ellas se gesta un movimiento auténtica- mente democrático, que en poco tiempo se convertirá en una «escuela de democracia».

No es nuestra intención atribuir el advenimiento y consolidación del régimen democrático de libertades al movimiento ciudadano, pero tenemos como hipótesis de trabajo el considerar que gracias a su desarrollo, la normal convivencia democrática, sus modos y su forma de actuar tuvo un más amplio y rápido eco entre las clases populares, entre los barrios.

Además y parejo a esto, no podemos olvidar que el movimiento asociativo vecinal será además una importante cantera para cuadros de los partidos, cuadros que una vez alcanzada la democracia, se harán cargo de las primeras instituciones democráticas.

Defendemos pues, el movimiento asociativo vecinal como «escuela de democracia », tanto a nivel de bases, explicando y aplicando los conceptos democráticos a nivel de barrio como para los cuadros que se harán cargo de dirigir la transición.

Nuestra hipótesis de trabajo es que el movimiento ciudadano fue una escuela de formación para la democracia. Por el funcionamiento abierto y asambleario, la escasa rigidez de su jerarquía y la máxima implicación de los vecinos en las tomas de decisiones, las AAVV serán claves para implantar a nivel ciudadano, en los barrios, la democracia que se desea pero que se desconoce, pues no podemos obviar que el franquismo buscó desde el primer momento la desmovilización política del pueblo español.

Parejo a esto, creemos que el movimiento vecinal supuso a la par una escuela de ciudadanía, donde se enseña a los habitantes de los suburbios a reclamar sus derechos.

Conciencia ciudadana y democracia son conceptos que van parejos en las AAVV. El tercer pilar es la lucha y reivindicación de unos barrios habitables, unas ciudades sostenibles.

FUENTES A UTILIZAR

Para documentar nuestro trabajo, teniendo en cuenta que se trata de un estudio que abarca de los años sesenta a la actualidad, nos parece lógico y obligado el recurso a la prensa. Como demostraremos más adelante, los medios de comunicación en general y la prensa en particular serán la mejor caja de resonancia de las AAVV.

Por ello estudiaremos la prensa diaria –con El Norte de Castilla al frente, por ser el periódico local de mayor tirada y raigambre- pero si es posible no renunciaremos a transcripciones de la radio y emisiones de la televisión.

Junto a esto, las publicaciones –periódicas o no- de las propias asociaciones. Con estas dos perspectivas analizaremos cómo se ve el movimiento asociativo desde fuera y desde dentro.

En cuanto a documentación oficial, nos parecen básicos los archivos de la Federación de AAVV de Valladolid, que completaremos con los de alguna asociación en concreto (las más veteranas, combativas y significativas pero también las que más interesantes nos parezcan para demostrar ciertas hipótesis de trabajo).

Sumado a esto, la documentación de la Administración pública, con protagonismo de la local, el Ayuntamiento de Valladolid, por ser la de mayor interacción con el ámbito de estudio, completada quizá con fondos de Delegación del Gobierno Civil o archivos de la Junta de Castilla y León.

Muy interesante sería la documentación judicial, los numerosos pleitos planteados e interpuestos por y contra las AAVV vallisoletanas, un asunto que puede ofrecernos valiosa información pero que desconocemos aún si se nos permitirá consultar al no haber transcurrido el plazo legal para su consulta pública en muchos casos.

Por último pero no por ello menos importante –the last but not the least- el recurso a los testimonios orales de los protagonistas, pues no podemos olvidar que al ser un movimiento comenzado hace treinta años aún siguen vivos la mayoría de sus líderes y miembros.

Con todo ello prevemos demostrar la importancia no sólo del movimiento asociativo en España sino también de su arraigo en la capital del Pisuerga.

Aplicación a un caso práctico: la Asociación Familiar de la Rondilla

Para la realización de nuestro Trabajo de Investigación decidimos estudiar a una AAVV vallisoletana, en un período de tiempo muy concreto, la década de los setenta, por ser éste el período de nacimiento y consolidación del movimiento asociativo vecinal.

Para ello recurrimos a los archivos de la Asociación Familiar de la Rondilla, la asociación más antigua de la ciudad –creada como Asociación de Cabezas de Familia en 1970- y una de las más fuertes.

Nuestro breve trabajo de campo ha tratado de incidir en aspectos tales como los orígenes de la asociación, las condiciones del barrio, su idiosincrasia, las primeras Juntas Directivas, su composición, el desarrollo de las Asambleas Generales, los temas expuestos en las mismas y en general, las movilizaciones del barrio de la Rondilla de Santa Teresa y sus resultados.

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Constantino Gonzalo Morell
Universidad de Valladolid


[1TUSELL, JAVIER: La España de Franco. El poder, la oposición y la política exterior durante el franquismo, Madrid, Historia 16, 1989, pág. 176.

[2BORJA, JORDI: Por unos municipios democráticos. Diez años de reflexión política y movimiento ciudadano, Instituto de estudios de Administración local, Madrid, 1986, pág. 41.

[3CASTELLS, MANUEL: «La formación de un movimientos social urbano: el Movimiento Ciudadano de Madrid hacia el final de la era franquista», en La ciudad y las masas. Sociología de los movimientos sociales urbanos, Alianza, Madrid, 1986.

[4BORJA, JORDI: Por unos municipios democráticos. Diez años de reflexión política y movimiento ciudadano, Instituto de estudios de Administración local., Madrid, 1986, pág. 62.

[5URRUTIA ABAIGAR, VÍCTOR: El movimiento vecinal en el área metropolitana de Bilbao, Bilbao, Instituto Vasco de Administración Pública, 1986, pág. 60.

[6URRUTIA ABAIGAR, VÍCTOR: El movimiento vecinal en el área metropolitana de Bilbao, Bilbao, Instituto Vasco de Administración Pública, 1986, págs. 53 y 54.

[7FANDIÑO PÉREZ, ROBERTO GERMÁN: Historia del movimiento ciudadano e historia local: el ejemplo del barrio de Yagüe en Logroño (1948-1975), Instituto de Estudios Riojanos., Logroño, 2003, pág. 21.