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Periódico Diagonal, Nº 95. Febrero 2009

Especial "Movimiento Vecinal": "40 años de luchas desde el barrio"

Desde la reivindicación de servicios básicos a las libertades civiles... A 40 años de la creación de la primera asociación de vecinos, el movimiento vuelve con fuerza

Martes 17 de febrero de 2009 · 2255 lecturas · rss article rubrique


Especial movimiento vecinal

40 AÑOS DE LUCHAS DESDE EL BARRIO

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LATINA - LAS ÁGUILAS (MADRID). Protesta de la asociación de vecinos de este barrio madrileño a principios de los ‘80.

REIVINDICACIÓN Y NEGOCIACIÓN

Pelea en la calle y diálogo con los poderes. Con esta máxima, el movimiento vecinal lleva 40 años “haciendo ciudad”. 40 años de lucha y de conquistas sociales que hoy celebran las federaciones vecinales de estos territorios, no como un ejercicio de nostalgia sino de memoria ciudadana, una memoria sobre la que cimentar las peleas de nuestro presente y futuro. El objetivo, hoy como ayer, sigue siendo convertir nuestros barrios en espacios a escala humana, donde el vecindario pueda decidir cómo vivir.

NUEVOS VECINOS

Uno de los retos actuales de las asociaciones es conseguir que los nuevos vecinos y vecinas llegados de otros países se integren en los barrios, sobre todo en estos momentos de recesión económica, caldo de cultivo de tensiones sociales.

UNIDAD VECINAL

Desde sus orígenes, el movimiento vecinal ha buscado formas para ejercer más fuerza desde la unidad. En la práctica totalidad de comunidades autónomas y provincias, así como en un gran número de ciudades, se han constituido confederaciones y federaciones de AA VV. En el marco de la coordinación estatal hoy reina la división, con la existencia de dos grandes confederaciones. Algunas federaciones como la madrileña están fuera de ambas, apostando por una coordinación unitaria sin estructuras.

40 AÑOS DE MOVIMIENTO VECINAL

  • 24 DE DICIEMBRE DE 1964. Las Cortes franquistas aprueban la Ley de Asociaciones que, a pesar de las restricciones, permite la legalización de las AA VV. Su combativo activismo antifranquista frena las legalizaciones y las condena al limbo de las “asociaciones en trámite”.
  • 1973. La AV Orcasitas (Madrid) logra que el Supremo reconozca a 30.000 vecinos que habían autoconstruido su barrio de chabolas el derecho a vivir allí en viviendas levantadas por el Estado.
  • MARZO DE 1974. En un motín promovido por las AA VV de Zaragoza, miles de personas se enfrentan a las fuerzas del orden, durante cuatro días, reivindicando un transporte público de calidad.
  • MARZO DE 1976. 30 AAVV de Barcelona alegan al Plan Comarcal tras decenas de asambleas con objeto de lograr suelo para cubrir el déficit de equipamientos, viviendas públicas y zonas verdes.
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GUERRA DEL PAN. 1976. Ante un fraude en el peso de las barras, los vecinos.
Foto: A.V. Meseta de Orcasitas.
  • 22 DE JUNIO DE 1976. 50.000 vecinos recorren la calle Preciados de Madrid “contra la carestía y por la legalización inmediata de las asociaciones de vecinos y demás entidades ciudadanas” en la que se recuerda como la primera gran manifestación de la Transición en la capital.
  • 2 DE NOVIEMBRE DE 1977. Tras detenciones de sus dirigentes y no pocas movilizaciones, la Federación de Asociaciones de Vecinos de Madrid es legalizada. Antes lo habían conseguido CC OO, UGT, PSOE y PCE.
  • 6 DE DICIEMBRE DE 1978. La Constitución española reconoce a las asociaciones de consumidores y a los sindicatos como entidades de interés público. Las asociaciones vecinales, que durante años habían configurado las comunidades locales y aceleraron la decadencia del régimen franquista, no obtienen reconocimiento alguno en el texto legal. La historia de unos de los sujetos colectivos más activos de nuestros barrios y pueblos siempre ha permanecido fuera de la historia “oficial”.
  • JUNIO DE 1979. Primeras elecciones municipales. El movimiento vecinal presenta propuestas dirigidas a establecer los cauces para una verdadera democracia participativa. Los partidos optan por un sistema representativo de corte electoralista.
  • 1986. El movimiento vecinal en todo el Estado participa de forma muy activa en la campaña contra la permanencia de España en la OTAN de cara al referendum del 12 de marzo. Gana el ‘sí’ que promueve el Gobierno del PSOE de González.
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NO A LA OTAN. Las AAVV han tenido un papel destacado en los movimientos anti OTAN y contra la guerra.
Foto: Asociación de Vecinos de Leganés.
  • NOVIEMBRE DE 1990. Una vecina muere en Turó de la Peira (Barcelona) al derrumbarse su casa por aluminosis. Esta patología afectó a 17.000 viviendas de 30 barrios y dio lugar a una lucha gracias a la cual 16.000 familias han recibido ayudas para rehabilitar sus casas.
  • 1991. 80.000 familias secundan la campaña de objeción fiscal de las AA VV catalanas para denunciar el abusivo incremento de las tasas del agua y exigir una reducción a aquellas familias que no la despilfarran. Tras diez años, este criterio se ha impuesto.
  • 1992. Sevilla acoge el I Congreso Universal de Movimientos Vecinales, que demanda a los gobiernos el fomento del asociacionismo como cauce de participación ciudadana y fortalecimiento de la democracia .
  • 1998. Las AA VV de Usera y Villaverde, distritos castigados por la reconversión, alumbran el Movimiento por la Dignidad del Sur y logran arrancar 18.000 mill. pesetas a la Comunidad de Madrid, cuyo destino eligieron los propios vecinos.
  • 2008. El movimiento vecinal celebra 40 años de vida promoviendo con su práctica la democracia participativa a través de la implicación de las vecinas y vecinos en la resolución de sus problemas colectivos. En Madrid, la Federación Regional de AA VV afronta los retos del futuro con la elaboración de un plan estratégico.

RENOVACIÓN

Tras años de reflujo, el movimiento vecinal toma nuevos bríos con la incorporación de jóvenes a las asociaciones históricas y la creación de nuevas entidades. Éstas, como sucedía en los orígenes del movimiento, surgen muchas veces al calor de carencias en equipamientos e infraestructuras en los nuevos desarrollos urbanísticos y en pueblos. Los jóvenes incorporan nuevas necesidades, lenguajes y formas comunicativas (como internet).

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DERECHO A LA VIVIENDA. Activistas de Covijo reclaman una vivienda digna.
Foto: O. Ch.
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MEMORIA. Reclamación de los terrenos de la cárcel de Carabanchel para equipamientos sociales y centro de la memoria.
Foto: AV Carabanchell Allto.

125.152 personas estaban asociadas en las 258 entidades vecinales que componen la Federación Regional de Madrid el pasado 28 de enero. De ellas, casi 100.000 pertenecen a los 168 colectivos de la capital. La federación barcelonesa integra a 100 asociaciones y la zaragozana a 45 organizaciones.

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PANORAMA: TRAS UN PERÍODO DE REFLUJO, EL MOVIMIENTO VECINAL AFRONTA EL FUTURO CON NUEVOS BRÍOS

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TRANSICIÓN. La caída de la dictadura y la constitución de los primeros ayuntamientos democráticos provocó el desinfle de muchas AA VV, que vieron cómo sus cuadros abandonaban el barrio para asumir cargos políticos.

[*Movimiento vecinal: del barro al barrio*]

En 1968 y 1969 nacieron las primeras asociaciones vecinales de Barcelona, Zaragoza y Madrid. Un poco antes lo hacían en Euskadi. 40 años después, el movimiento vecinal vive su renovación, afrontando los retos de nuestros días.

Óscar Chaves / Redacción

Huellas. Aunque no reparemos en ellas, están por todas partes. Un parque, una parada de metro o bus, un hospital. Una colonia de viviendas de protección oficial, un ambulatorio, una calle peatonal, una biblioteca pública, son huellas. Trazos de una historia de luchas pequeñas que han convertido a nuestros pueblos y ciudades en espacios más habitables, más humanos. Marcas de un movimiento, el de las asociaciones vecinales (AA VV), que no sólo ha sido clave en la conquista de elementos materiales, un hecho que ha modificado definitivamente nuestro paisaje urbano, sino que aparece como imprescindible en el combate por la democracia, las libertades y los derechos sociales. Y, a pesar de esta contribución innegable, a diferencia de las asociaciones de consumidores, cuyo papel recoge la propia Constitución Española, las entidades vecinales nunca han tenido, por parte de los poderes, un reconocimiento similar.

Entre 1968 y 1969, un grupo de personas del barrio de Puerto Chico, en el distrito madrileño de Latina, y otro del vallecano de Palomeras Bajas, aprovechando los resquicios que dejaba la recientemente aprobada Ley de Asociaciones, crean las primeras asociaciones vecinales de la Comunidad de Madrid. Era la expresión organizada de un movimiento difuso que hunde sus raíces en el barro de los poblados de chabolas autoconstruidos al calor del éxodo rural de los años ‘50. Otro tanto sucede en Barcelona, que en la misma época ve nacer la Asociación de Vecinos de Sant Antoni (Eixample), y en Zaragoza, donde toma forma la pionera asociación del Picarral. La entidad vecinal más antigua del Estado, la Asociación de Familias de Rekaldeberri, ya llevaba dos años de andadura en Bilbao, y pronto su ejemplo se extendería no sólo a toda Euskadi sino a las principales urbes de la península, convirtiéndose en un activo esencial en la lucha contra el Franquismo. Precisamente el marco político en el que nace y su adhesión generalizada a las posiciones de la izquierda hacen que este movimiento sea un fenómeno único en Europa.

La caída de la dictadura y la constitución de los primeros ayuntamientos democráticos provocó el desinfle de muchas AA VV, que vieron cómo sus cuadros dejaban el barrio para asumir cargos políticos, de la mano de partidos socialistas y comunistas, principalmente. A pesar del bache, el movimiento, reclamando una y otra vez su autonomía, siguió su curso, haciendo los barrios, los nuevos y los viejos, más “humanos”, con dos herramientas principales: la reivindicación en la calle y la negociación.

Hoy en día, los retos son muchos y nada fáciles. Muchas AA VV acusan la falta de renovación de sus cuadros y en otras los líderes barriales permanecen anclados en la nostalgia del pasado, una nostalgia que produce inacción. También se dan aquellas que se han centrado tanto en trabajar con las instituciones que han desatendido el territorio del que nacen. Pero el movimiento, como demuestra la actividad incisiva de las federaciones de Madrid, Barcelona, Zaragoza, Euskadi, Cantabria, Andalucía, Vigo, Valladolid o Salamanca, sigue muy vivo. Los jóvenes toman el relevo en muchas de las AA VV históricas y surgen nuevos colectivos, sobre todo en pueblos y en los desarrollos urbanísticos recientes. En muchos lugares, la relación con otros movimientos sociales como el ecologista, el feminista o el de las okupaciones, es rica e intensa. Y embestidas como la privatización de los servicios públicos están siendo un fuerte acicate para que muchas de aquellas asociaciones que parecían dormidas despierten.

AUTÉNTICAS ESCUELAS DE CIUDADANÍA

Las asociaciones vecinales no sólo aparecen como lanzaderas desde las que reclamar mejoras materiales para el barrio como equipamientos públicos. Siempre han sido auténticas escuelas de ciudadanía, lugares de socialización y aprendizaje donde las personas toman conciencia de la realidad del territorio, de sus particularidades y problemas y, de manera cooperativa, los afrontan. El respeto a la diferencia es más importante si cabe en unos espacios que tienen un carácter interclasista e intergeneracional. De esencia radicalmente democrática, contribuyen a la cohesión social del barrio donde actúan.

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ENTREVISTA: ALBERT RECIO, DE LA FEDERACIÓN VECINAL DE BARCELONA

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CONTRA LAS PRIVATIZACIONES. Ante la oleada privatizadora de los servicios públicos en lugares como la Comunidad de Madrid, el movimiento vecinal lleva meses de movilizaciones por una sanidad cien por cien pública.
Foto: Edu León.

[*“La sociedad está desarmada sólo hasta cierto punto”*]

Desde el barrio de Prosperidad de Barcelona y después de tres décadas en el movimiento vecinal, Recio repasa algunos de los cambios que ha vivido la ciudad gracias a la acción de las asociaciones de vecinos, defendiendo la necesidad de éstas en el contexto actual.

Luis Caldeiro / Barcelona

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Albert Recio.

“Profesor titular del Departamento de Economía Aplicada de la Autónoma de Barcelona, miembro del consejo editor de la revista Mientras Tanto...”. El entrevistado enseguida hace un gesto negativo y pide otro tipo de presentación, más acorde con su trayectoria social, de militante en las luchas vecinales. Trayectoria que hoy se concreta en su trabajo para la asociación de su barrio, Prosperidad, y para la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona, de la que es vicepresidente y que aglutina a práctica totalidad de las existentes en la ciudad. “Nací en Barcelona en 1949. Soy oriundo del barrio de Gràcia, una zona céntrica, de larga tradición asociativa. Tras el servicio militar, participé en los comienzos de su asociación de vecinos y en 1974 me trasladé al barrio de Prosperidad, un territorio de aluvión, donde se asentó la inmigración andaluza y extremeña de los ‘60 y ‘70”.

DIAGONAL: ¿Ha cambiado mucho el barrio desde 1974?

ALBERT RECIO: Sí. Cuando llegué el tejido asociativo era muy precario, y había una gran cantidad de carencias visibles: la mayoría de las calles no estaban asfaltadas, aparte de falta de servicios de todo tipo. El asociacionismo fue creciendo precisamente como producto de la lucha contra esta realidad tan dura.

D.: Pero ahora ha dado un giro de 180º...

A.R.: Sí, las políticas públicas cambiaron algo con la llegada de la democracia. La mejora en cuanto a equipamientos, urbanismo, etc. ha sido notable. Las personas de mi edad o incluso mayores tenemos la sensación de que se ha avanzado mucho, lo cual no significa que estos avances hayan sido suficientes.

D.: ¿Estas mejoras han sido fruto de la lucha o de la concesión?

A.R.: En una primera fase fueron resultado de la lucha. Pero lo que ocurre es que las luchas influyen en la configuración de las políticas públicas. Y una de las “gracias”, por así decirlo, de la democracia, es que los políticos tienen que ganar votos, y eso les fuerza a hacer concesiones. Otra cosa es que éstas sean demagógicas. Si añadimos a la presión social el hecho de que los partidos tienen que pasar por las urnas, obtendremos la explicación. Pero hay una excepción.

D.: ¿Cuál?

A.R.: Cuando menos funciona esta conjunción de lucha vecinal y necesidad de cosechar votos por parte de los políticos es cuando hay grandes operaciones de intereses privados de por medio. Ahí sigue predominando lo particular sobre lo público.

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EL CARMEL, 1970. “Las personas de mi edad tenemos la sensación de que se ha avanzado mucho, lo cual no significa que estos avances hayan sido suficiente”.

D.: ¿Qué me dice del movimiento vecinal? Porque da la sensación de que vivimos en una sociedad moralmente entregada, donde cada cual busca su propio interés...

A.R.: El fenómeno es algo más complejo. El movimiento vecinal nace a finales de los ‘60 y responde a unas necesidades muy concretas y muy apremiantes. Los barrios obreros fueron la “punta de lanza” en esta lucha, tal vez porque la mentalidad de clase media es más individualista y competitiva. Pero en toda Barcelona han surgido movimientos sociales y cívicos que han defendido patrimonio y servicios. Por ejemplo, un barrio tan burgués, si atendemos a los índices de datos, como Les Corts, ha generado una de las luchas más importantes contra la especulación, y además en este caso el especulador es el Barça, que quiere recalificar terrenos que sólo pueden ser destinados a equipamientos (donde hoy se ubica su Mini-Estadio) para construir viviendas, oficinas y un hotel. ¡Con el poder simbólico y cultural que en Catalunya tiene este club! Es decir, que la nuestra es una sociedad desarmada hasta cierto punto.

D.: ¿No cree que se trata de casos aislados?

A.R.: En todos los grandes procesos especulativos de la ciudad hay conflictos abiertos, como es el caso de los Cuarteles del barrio de Sant Andreu, de la denominada zona 22@ o de Can Ricart. Siempre se trata de lo mismo: destinar espacio para equipamientos a fines más lucrativos, violentando incluso conjuntos arquitectónicos valiosos, como Can Ricart. Es decir, que hay una historia, una continuidad, pero con luchas puntuales que surgen cuando se presenta la ocasión.

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ANÁLISIS: DE LA LUCHA POR LAS CONQUISTAS SOCIALES Y POLÍTICAS AL DERECHO A LA CIUDAD

[*Un rayo democrático que no cesa*]

El autor recorre, en clave histórica, las aportaciones del movimiento vecinal a la democracia y al desarrollo de nuestros barrios y el progresivo distanciamiento de los gobiernos locales de las demandas de la ciudadanía.

Jordi Borja, geógrafo y urbanista

Hace un año, una exposición en Barcelona sobre la Transición tuvo el acierto de presentar una cara oculta del proceso a la democracia: el cambio social y cultural que se produce desde los ‘60, la crítica intelectual, la emergencia de un nuevo sindicalismo, las transformaciones de la familia y de los valores patriarcales, etc. La política de los líderes y de los partidos no era esta vez la protagonista. Pero sorprendía la ausencia de los movimientos ciudadanos, de la crítica del urbanismo en el sentido más amplio, de la reconquista del espacio público por parte de decenas de miles de ciudadanos anónimos. Y sin embargo, es imposible entender la Transición sin este vector, que no sólo fue uno de los motores del cambio político sino que impregnó las políticas públicas locales de la naciente democracia.

Es interesante observar los resultados de las primeras elecciones democráticas, las del 1 de marzo y 3 de abril de 1979. En las anteriores de 1977 pudieron presentarse los partidos, pero aún no existía el marco constitucional y fueron de facto constituyentes. En 1979 destaca el cambio que se produce en el voto urbano, sobre todo en las grandes y medianas ciudades. En un mes los partidos de izquierda, socialistas y comunistas, aumentan sus votos y conquistan la mayoría de las alcaldías importantes: Madrid y Barcelona y sus regiones metropolitanas, Sevilla, Valencia, Zaragoza, etc. Y cuando no es la izquierda son los partidos nacionalistas del antifranquismo, como en el País Vasco. Hay una evidente correlación entre los movimientos ciudadanos o populares y este voto.

Los nuevos gobiernos municipales heredan una situación compleja. Ayuntamientos endeudados, crisis económica, urgencias sociales y altas expectativas de la ciudadanía. La dialéctica que se instala entre estos gobiernos y las AA VV expresa cómo las demandas de éstas inciden en las políticas públicas nacientes.

Muchos ayuntamientos ejecutan planes urgentes en los barrios más deficitarios. Y lo hacen estableciendo un diálogo social con los interlocutores ciudadanos. En Madrid y Barcelona, y también en otras ciudades, se inician procesos de descentralización municipal y se implementan mecanismos participativos, reivindicaciones específicas del movimiento vecinal.

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ANTIPARQUÍMETROS. Barrios periféricos en lucha contra los parquímetros.
Foto: Antonio Navia.

Se generan y animan los espacios públicos, la cultura sale a la calle, se crean equipamientos y se desarrollan políticas novedosas (hacia la mujer y los jóvenes, de generación de empleo, etc.) que recogen demandas ciudadanas. Pero se da una paradoja: los movimientos ciudadanos inciden decisivamente en las políticas municipales y, al mismo tiempo, el protagonismo que adquieren los ayuntamientos, a los que se incorporan bastantes activistas vecinales, seca la savia que vitalizaba al movimiento.

En los últimos diez años renace gradualmente el movimiento como fruto de dos procesos. Los gobiernos locales de los ‘90, y especialmente de los últimos años, ya no son herederos de la movilización por la democracia de los ‘70. Se burocratizan, se someten a las dinámicas del mercado, en muchos casos son recuperados por sectores conservadores, incluso se corrompen. Ya no son cómplices de los movimientos ciudadanos ni pretenden serlo. En el ámbito asociativo y movimentista se produce una renovación de activistas, se revitalizan bastantes asociaciones vecinales, se crean plataformas, aparecen colectivos informales juveniles, en algunos casos muy creativos, emerge por lo tanto una nueva dialéctica conflictiva en la vida urbana.

El otro proceso es la agravación de problemas resultante de las formas que toma el desarrollo urbano de las últimas décadas: la especulación inmobiliaria genera un fuerte déficit de vivienda para los sectores populares y los jóvenes, aumenta la segregación social, el crecimiento metropolitano crea verdaderos guetos, el despilfarro energético y de suelo provoca reacciones ambientalistas, la corrupción deslegitima a bastantes gobiernos locales, desde el conservadurismo se excita el miedo y la inseguridad subjetiva que abre un nuevo tipo de conflicto de carácter excluyente.

El nuevo movimiento encuentra un nuevo concepto unificante: el derecho a la ciudad, entendida como lugar de convivencia y tolerancia, de diversidad e igualdad, lugar de la ciudadanía, con capacidad de integrar a sus habitantes y de proporcionar elementos de sentido a la vida cotidiana. Y en muchos casos los gobiernos locales están cada vez más lejos de las aspiraciones ciudadanas.

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ARAGÓN: 30 AÑOS DE LA FEDERACIÓN VECINAL

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PIONEROS. Manifestación a finales de los setenta en el Picarral. La asociación vecinal de este barrio es la más antigua del combativo movimiento vecinal zaragozano.
AV Picarral-Salvador Allende

[*Zaragoza y las AA VV: la ciudad en primera persona*]

El movimiento vecinal zaragozano celebra su 40 aniversario y el nacimiento, hace 30 años, de la Federación de Asociaciones de Barrios de Zaragoza, una entidad que aglutina a su sector más combativo.

Elvira Lozano / Zaragoza

La primera asociación vecinal de Zaragoza se constituyó en 1968, en el Picarral, un barrio que había crecido desordenadamente, sin equipamientos ni servicios, y que convivía con empresas contaminantes y con los tanques que lo cruzaban para llegar al campo de maniobras de San Gregorio. El movimiento vecinal nació al amparo de la Ley de Asociaciones de Cabezas de Familia de 1964, aprovechando el paraguas protector que proporcionaba la parroquia frente a la vigilancia y la represión policial. A partir de entonces, se fueron formando asociaciones en casi todos los barrios de la ciudad. En 1972, el incendio de Tapicerías Bonafonte, en el que murieron 23 trabajadores y trabajadoras, la mayoría habitantes del barrio, supuso el germen de la asociación de Las Fuentes y un hito en cuanto a movilización vecinal: no sólo para exigir ayuda a las víctimas y protestar por las condiciones laborales, sino para solucionar muchos otros problemas de uno de los barrios obreros históricamente más luchadores de la ciudad. Pero la explosión del movimiento se produjo en 1974, cuando los vecinos del barrio de Valdefierro, fundado por inmigrantes del campo y alejado del centro, se movilizaron para la mejora del deficitario servicio de bus (que prestaba una empresa diferente a la del resto de la ciudad). La campaña terminó con el estallido de un auténtico motín que enfrentó a los vecinos con la policía: cuatro días de carreras, palos, pedradas, detenidos y amenazas que terminaron en victoria.

En octubre de 1975, el jefe provincial del Movimiento suspendió seis meses las actividades de las asociaciones, pero el apoyo de numerosas entidades obligó al levantamiento de la sanción a final del año. Fueron las AA VV las primeras en convocar la primera gran manifestación –15.000 personas– tras la muerte de Franco. Sin embargo, seguía la represión: en 1977, el albañil Vicente Basanta moría tiroteado cuando pintaba en la tapia de Alumalsa, en el barrio de Torrero, “trabajo sí, policía no”.

En 1978 se constituye la Federación de Asociaciones de Barrios de Zaragoza, la FABZ, que aglutinó desde entonces al movimiento vecinal más combativo, y que ha sido un referente para los colectivos ciudadanos y la opinión pública. La oposición al trasvase del Ebro y a las bases de EE UU, la insumisión, los derechos de la mujer y de los nuevos inmigrantes, la defensa de la sanidad pública y muchas otras luchas han sido secundadas por el movimiento vecinal. Pero lo más importante: la mayoría de nuevos equipamientos, plazas, parques... de los barrios han sido conquistas vecinales.

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[*MUJERES INQUIETAS, MUJERES OLVIDADAS*]

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PRIMERA LINEA. Las mujeres, protagonistas de las protestas.
Foto: FRAVM.

E.I. Errazquin

Las mujeres del Estado español, que durante la II República conquistaron el derecho a participar de forma efectiva en la esfera política, sufrieron un duro revés durante los 40 años de dictadura franquista. El ordenamiento legal impuesto por el régimen nacional-católico amputó todo resquicio de autonomía individual, recluyó a éstas en el ámbito doméstico y las convirtió en eje de la moralidad social, confiándoles la alta responsabilidad de “proporcionar hijos a la Patria”.

No resultaba fácil zafarse de aquel siniestro corsé. Sin embargo, y a pesar de que toda forma de organización situada fuera de la órbita franquista había sido ilegalizada, fueron las mujeres las que, tanto o más que los hombres, alumbraron el movimiento vecinal en la segunda mitad de los ‘60. Sobre todo para los más jóvenes y las mujeres, estas asociaciones se convirtieron en verdaderas escuelas de democracia, en un espacio de aprendizaje de prácticas ciudadanas en el que, por primera vez, tuvieron ocasión de participar en asambleas, de opinar en debates abiertos y de colaborar en la organización de acciones colectivas.

La presencia, en primera línea, de las mujeres, se explica en parte porque, recluidas en el ámbito de la reproducción, eran quienes más sufrían las consecuencias de la falta de colegios, centros de salud, la precariedad de las viviendas... Por ende, alejadas del ámbito del trabajo de la esfera pública, eran las que más tiempo tenían para participar de forma activa en la organización de actos de protesta (cortes de carretera, manifestaciones...).

El papel desempeñado por las mujeres en el movimiento vecinal y, a la inversa, la función de estas asociaciones en la transformación de las mujeres en ciudadanas es, como apunta la antropóloga Britt-Marie Thurén, una cuestión pendiente de estudio. Habría, además, otra no menos relevante: el histórico ‘olvido’ de la cuestión de género en el discurso del movimiento vecinal. Superarlo es un reto que no puede esperar al futuro.

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[*Un buen comienzo para otros 40 años*]

La FRAVM se halla inmersa en un proceso de escucha y debate que tendrá su punto de inflexión en un Congreso Vecinal el próximo mes de marzo. Su presidente esboza los retos actuales del movimiento.

Nacho Murgui. Presidente de la Federación de Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM)

Desde que hace algo más de 40 años se les ocurriera a algunos recién llegados a Madrid poner en marcha la primera asociación vecinal han cambiado muchas cosas. Quizá no las fundamentales, precisamente aquellas que a fin de cuentas aspiraban a transformar cuando reivindicaban lo básico para seguir viviendo.

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DEFENSA DEL TERRITORIO. Protesta frente a las torres del Real Madrid.
Foto: Edurne.

Y lo básico eran alcantarillas, farolas, el asfaltado para algunas calles, el colegio... pero también la amnistía y determinadas libertades y derechos. No estaban tomando el poder del Estado, ni nacionalizando la banca, pero habilitaron espacios para que pudiéramos “agruparnos todos en la lucha final”. Las AA VV articularon buena parte de la población más activa políticamente en torno a los asuntos que quedaban fuera del lugar de trabajo y se situaban en el ámbito de la reproducción. Dieron cabida a pequeños comerciantes, trabajadores en paro, estudiantes, amas de casa, pensionistas... un sujeto amplio y heterogéneo cuyos componentes no compartían tanto lo que hacían durante el tiempo de trabajo como lo que vivían fuera de él. Mientras se agrupaban todos (y todas) para conseguir la farola o el colegio ponían en marcha, a partir de las necesidades concretas de la población, formas de democracia cercanas a las experiencias de la gente que iban más allá de las aspiraciones de las élites políticas. El movimiento vecinal contribuyó a la llegada de la democracia, pero también encarnaba ‘algo más’. Con el tiempo se consiguió la alcantarilla, la farola, una amnistía y algunos derechos y libertades soñados y peleados. Se consiguió hasta que en algunos ayuntamientos llegaron ‘los nuestros’. Y entonces quedó claro que aquélla había estado lejos de ser “la lucha final”. 40 años después, obviamente, el movimiento ya no es lo que era. Las cosas han cambiado. Algunas, tanto y tan rápido que no hemos tenido ni tiempo de reaccionar, por no hablar de algunos errores que hemos cometido. El mundo se ha hecho más pequeño y “el barrio más mundo”.

Ahora es mucho más diverso, y la función que desempeña en nuestras vidas, nuestra forma de habitarlo, también ha cambiado. Su composición social se ha hecho más heterogénea. Han surgido multitud de expresiones que de muy distintas maneras recogen las aspiraciones de los diferentes sectores de la población, se refieren a nuevos problemas o formas de abordar los de siempre, encarnan una multiplicidad de formas de entender la democracia... Algunas de las asociaciones de siempre han desaparecido y otras se mantienen a duras penas, pero no son pocas las que aún desarrollan un papel muy importante en sus barrios. 40 años después el movimiento vive y sigue creciendo. Prueba de ello son las 260 entidades federadas en el territorio de la comunidad madrileña (20 de ellas surgidas en el último año), que extienden la presencia del movimiento vecinal a todos los distritos de la capital, y a numerosos municipios de la región.

Lejos de hacer de la “novedad y la renovación” un fin en sí mismo o de instalarnos en la nostalgia, las asociaciones vecinales nos planteamos el reto de seguir, bajo las nuevas circunstancias, desempeñando la tarea de profundización y extensión de la democracia y los derechos de ciudadanía, de reapropiación de recursos y poder para las multitudes que habitan nuestras ciudades.

En nuestro patrimonio encontramos elementos que nos resultan imprescindibles a la hora de afrontar este reto manteniendo nuestra identidad: asamblearismo, el barrio (y no la ideología o la posición en el proceso productivo) como ámbito de actuación, el municipalismo, la independencia política, la defensa de lo común (servicios públicos y medio ambiente), una concepción radicalmente democrática de lo público, la aspiración a la democracia participativa...

También hemos de actualizar otros elementos: nuestra dimensión como espacios de participación permeables, nuestra capacidad para dar cuenta de la diversidad que hoy poseen nuestros barrios (inmigrantes, jóvenes...), la necesidad de articular espacios comunes con otros colectivos con los que compartimos aspiraciones y ámbitos de actuación.... Renovar nuestra capacidad de escucha y de enunciación, incorporando a nuestra agenda nuevos temas (defensa y extensión del software libre y acceso a las tecnologías y el conocimiento...), instrumentos (metodologías participativas, dispositivos de escucha, uso de la tecnologías de la comunicación...) y ampliando nuestro repertorio de acción incluyendo las novedades que los movimientos sociales han ido experimentando a lo largo de estas décadas (acción directa no violenta, guerrilla de la comunicación...).

Ésa es la tarea que nos hemos impuesto al poner en marcha el proceso de debate en el que estamos inmersos de cara a la elaboración de un ‘plan estratégico’ que recogerá nuestras líneas de trabajo para los próximos años y que se ha de aprobar en el Congreso Vecinal que tendrá lugar el próximo mes de marzo.

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LIBROS

[*Intrahistoria: memoria y anhelos de futuro*]

E. I. Errazkin

V. P. Quintana y P. S. León
Ed. Los libros de la Catarata 424 páginas. 2009

Más de 20 autores, entre ellos Manuel Castells y varios activistas vecinales, dan forma a un relato coral y multidisciplinar que analiza el pasado, presente y los futuros posibles de un movimiento que desempeñó un papel fundamental en la conformación del tejido social crítico que hizo frente a la dictadura franquista, alumbró una nueva cultura política basada en la autoorganización en los barrios y en la democracia participativa y que, aún hoy, continúa alimentando el debate, la movilización y la gestión colectiva de los problemas comunes desde la base.

Los análisis y testimonios que contiene no sólo cuentan “otra historia” que desborda y cuestiona el relato oficial sobre la conquista y la consolidación de la democracia. Siembra, además, algunos elementos de reflexión sobre las posibilidades de articular de forma cooperativa y complementaria el movimiento vecinal –descentralizado y fuertemente arraigado en el territorio– con otras expresiones del movimiento ciudadano para responder de formar eficaz a los retos del siglo XXI. El libro se presentará el 19 de febrero a las 19h en el Museo Reina Sofía.

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DOCUMENTALES

[*El Pozo: la dignidad se hace carne en el barro*]

Esther Catoira

Dir. Juan Vicente Córdoba
Prod. Atalanta, 2008
Duración: 02:00

Un cesto y un hijo, con cuatro tomates y una tripa de chorizo. Eso se llevó consigo Lola Expósito cuando fue a vivir al Pozo del Tío Raimundo, nada más. 50 pesetas valían los terrenos. Y el contrato no daba derecho a construir una casa, sólo el cultivo de una huerta. Los vecinos las levantaban a toda prisa por las noches, flores de luna “capaces de nacer con el rocío nocturno”, fruto de la solidaridad, la dignidad que brota del esfuerzo por sobrevivir sin resignarse.

Vicente Córdoba ha puesto su cámara a disposición de los primeros habitantes del Pozo para que ni ellos ni sus hijos olviden “de dónde vinieron y cómo lo pasaron”. Los jóvenes, sin más motivación que lo inmediato, insatisfechos con un barrio que “es un aburrimiento” pero sin plantearse en ningún momento que quizá la solución podría estar en sus manos, son el reverso de esa moneda que durante largos años pasó de mano en mano, empeñada en ganar para el barrio el reconocimiento que el Madrid oficial le debía.

Irregular en su planteamiento narrativo –hilos conductores que no se explotan lo suficiente, pequeños saltos mortales en la narración, un final un tanto contradictorio...–, Flores de luna es, al fin y al cabo, memoria, y sólo por eso merece la pena.


Ver en línea : Especial en Diagonal "Movimiento Vecinal": "40 años de luchas desde el barrio"