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¡El Ojo Crítico!

«Justicia para todos; este alcalde, ¿de qué va?»

Si nos hemos dotado de leyes y de un poder judicial que las interprete y aplique, es para acatar sus resoluciones, pero para acatarlas todos, patricios y plebeyos, aforados y simples; la ciudadanía no debería aceptar a los oportunistas ni a los vividores de la democracia

Lunes 17 de noviembre de 2008 · 219 lecturas · rss article rubrique


Una entrega más de la sección de sátira sociopolítica de nuestra Web:

Si un ciudadano no se presenta al requerimiento de un juez, que se ponga en las últimas: sanción, búsqueda y captura,… ¡Qué se yo!

Sin embargo, al Sr. Alcalde le sale una sentencia, o por mejor decir más de una, y lo primero que hace es no cumplirla y además cuestionarla, y por si fuera poco lo hace con un tufillo digamos, sarcástico, de mofa, de “a mí con esas…”.

Y lo curioso del caso (de los casos) es que no pasa nada. Y se permite el lujo de decir sinsentidos como las que relata la prensa a propósito del edificio de Caja Duero en la Plaza de Zorrilla: el alcalde aseguró que el litigio está en si se trata de “un edifico o tres”. Sr. Alcalde, está usted errado (sin hache); había litigo hasta que el juez sentenció; ahora ya no existe litigio. Ahora a usted, edil mayor de la ciudad, la Justicia (con mayúscula) le ha condenado, sentenciando que “la licencia de obra, el proyecto de ejecución y el permiso de primera ocupación del edificio Caja Duero de la plaza Zorrilla que usted autorizó, son ilegales”, y lo ha hecho con contundentes argumentos y, además, se ha pronunciado en contra de las alegaciones de ignorancia que aducía su esposa por no haber sido informada.

Sr. Alcalde, esos exabruptos que leemos en prensa “…porque en matemáticas dos y dos son cuatro, aunque una sala de Justicia diga que son tres” son propios de los dictadores, de los antidemócratas. Esa afirmación conlleva una falta tan grave de respeto hacia la Justicia (tachando al juez de ignorante) que, dicho sea de paso, entiendo, debería tener una respuesta acorde, pues de lo contrario, estos “iluminados” seguirán creciéndose.

La ciudadanía da poder a los alcaldes para que gestionen los recursos municipales y no para utilizar algunos a conveniencia. No es de recibo, por no poner otro calificativo, que el alcalde se despache ante los medios diciendo que “no sabe si habrá que derribar los áticos o si se modificará el Plan General de Ordenación Urbana”. A eso se llama despotismo. Dicho sea de otro modo: “Cómo las leyes me son contrarias, las cambio”.

Este tipo de gestores de lo público son un peligro para la sociedad y, más aún, para la democracia. Por el bien de todos, esperamos que en breve se extingan. Cualquier ciudadano que se precie no puede permanecer impasible ante tales hechos. Si nos hemos dotado de leyes y de un poder judicial que las interprete y aplique, es para acatar sus resoluciones, pero para acatarlas todos, patricios y plebeyos, aforados y simples. La ciudadanía no debería aceptar a los oportunistas ni a los vividores de la democracia.

Instamos al Sr. Alcalde a la reflexión, al análisis sereno de los hechos para que haga acto de arrepentimiento y reconozca públicamente sus malas formas, aprenda la lección y cambie de conducta.

Me ha dicho un compadre que si usted vive en una casa ilegal (sin licencia de obra, sin proyecto de ejecución y sin permiso de primera ocupación), aunque la casa esté a su nombre, usted Sr. Alcalde, es un okupa. (Yo no llego a tanto).

Federación de Asociaciones Vecinales de Valladolid