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Vecinos, ciudadanos y Memoria histórica

Medio centenar de pueblos de Valladolid mantienen nombres de calles de la época franquista

La Diputación aprobó en julio un acuerdo por el que se insta a los ayuntamientos de la provincia a suprimir del callejero, de acuerdo con la ley, vías alusivas a la dictadura

Lunes 17 de noviembre de 2008 · 803 lecturas · rss article rubrique


Con el 20 de noviembre -fecha en la que, hace 33 años, falleció Francisco Franco- a la vuelta de la esquina y a punto de que se cumpla un año de la entrada en vigor de la llamada ley de la Memoria Histórica (publicada en el Boletín Oficial del Estado el 27 de diciembre del 2007), un repaso por los planos callejeros de la provincia permite comprobar que aún hoy hay medio centenar de localidades -incluida la capital- que mantienen calles con nombres y placas alusivas al régimen franquista. Y eso, a pesar de que la Diputación provincial aprobó en su pleno del pasado 23 de julio una iniciativa de Izquierda Unida -modificada y posteriormente respaldada por PP y PSOE- para «instar a los ayuntamientos de la provincia cuyos municipios aún conserven nombres que hagan en sus calles, plazas e incluso en el propio nombre del pueblo referencia a la dictadura franquista o a cualquiera de sus promotores e inspiradores» a que modifiquen la nomenclatura de sus vías y, al tiempo, retiren «símbolos o monumentos franquistas», siempre de acuerdo con lo que marca y establece la ley. Algunos ayuntamientos reconocen que han recibido esta solicitud de la Diputación, pero no todos -ni mucho menos- han hecho amago de trasladar esta petición a su pleno. Salvador Arpa, representante de IU en la institución provincial, asegura que, pese a esta aprobación, «al final se está dando la callada por respuesta».

El portavoz popular en la Diputación, Jesús García Galván, aseguró durante el pleno que «el PP insta siempre a que se cumpla estrictamente la ley. Cumplamos la ley. Pero, ¿por qué no dejamos que oportunamente cada municipio, en aras de su propia autonomía y oportunidad, decida ese momento idóneo para ir dando cumplimiento a los preceptos legales? Muchos de nuestros municipios ya comenzaron ese camino hace muchos años sin necesidad de la ley», dijo García Galván.

Un paseo por pueblos como Almenara de Adaja, Carpio, Castromembibre, Renedo, Medina de Rioseco o Quintanilla de Onésimo permite descubrir placas alusivas a Primo de Rivera (fundador de la Falange), al 18 de Julio, al General Franco o a los militares que participaron en la sublevación militar. Valladolid no dispone de un censo oficial sobre calles franquistas. No lo manejan en la Diputación ni tampoco en asociaciones de recuperación de la memoria histórica. El rastreo tiene que hacerse a las bravas. El primer paso es acudir al listín telefónico. Y la sorpresa es mayúscula.

De acuerdo con las páginas blancas de este mismo año, hay 88 pueblos con calles con nombres franquistas. Pues no es verdad. El listín incluye todavía plazas dedicadas al Generalísimo en Ataquines, Alaejos, Cabezón de Pisuerga, Geria o Piñel de Arriba, cuando ya hace años que estos pueblos cambiaron el nombre por Real, Mayor o de la Constitución. Hay que llamar ayuntamiento por ayuntamiento, hablar con alguaciles, secretarios, alcaldes y vecinos de esas calles para comprobar que, al menos 49 municipios, mantienen aún estos nombres.

LEY DE MEMORIA

Artículo 15: «Las Administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura. Entre estas medidas podrá incluirse la retirada de subvenciones o ayudas públicas». «Lo previsto en el apartado anterior no será de aplicación cuando las menciones sean de estricto recuerdo privado, sin exaltación de los enfrentados, o cuando concurran razones artísticas, arquitectónicas o artístico-religiosas protegidas por la ley».

De Onésimo a Libertad

Pedrajas de San Esteban acometió este verano el cambio de nombre de cinco calles en un proceso de «normalidad» que no se traslada a otras localidades

Ana María Rojo es vecina de Bercero y lo tiene claro. Al menos, lo dice con rotundidad. «Me parece una tontería», asegura. «Tanta Historia son los unos como los otros, aunque si la cambian de nombre no voy a salir en manifestación». No son sólo palabras, sino que ha tenido ocasión de demostrarlo. Vivió en la calle Onésimo Redondo de Villalón de Campos antes de que ésta pasara a llamarse La Rúa. Y ahora, en Bercero, le ha tocado otra vez la calle Onésimo Redondo. Como si le persiguiera. Estadísticamente, era la alternativa más posible, puesto que Onésimo Redondo es el personaje de aquella época que más calles tiene en la provincia de Valladolid. Al menos, el que más conserva. Su nombre figura en las placas de 29 pueblos. Pero hubo más. Muchas más. Algunas ya han cambiado de nombre. En Canalejas, por ejemplo, se llama ahora Distrito del Sur. En Castrejón de Trabancos es Las Huertas. En Matapozuelos, la plaza de San Miguel y en Pedrajas de San Esteban se llama, desde este verano, la calle Libertad. «Era un nombre que nos gustaba a todos y que teníamos claro desde el principio», explica Sergio Ledo, alcalde de la localidad.

El callejero de Pedrajas estaba sembrado de cinco calles de nombre franquista: Avenida del General Franco (ahora avenida de España), José Antonio Girón (que ha recuperado el originario nombre de Las Escuelas), Leones de Castilla (hoy Castilla y León), Cuatro de Marzo (que ha pasado a llamarse Clara Campoamor) y la de Onésimo Redondo (Libertad). «El cambio de nombre ha sido normal y tranquilo. Es cierto que al principio hubo revuelo, pero porque la oposición quiso hacer política con esto, intentó crear alarma social y equivocar a los vecinos diciendo que iba a costar mucho dinero y provocar dolores de cabeza». Ledo defiende que, «si se hace bien, no tiene por qué tener estos efectos secundarios». «Lo primero que hicimos fue colocar una placa en la calle, aunque durante este primer año se mantendrá también la antigua, con lo que convivirán por un tiempo las dos placas», explica. Después, atribuyeron al agente de empleo y desarrollo local las funciones de información a los vecinos y de ayuda y asesoramiento para trasladar los cambios a Correos, Iberdrola o cualquier otro tipo de empresa. El Ayuntamiento firmó además un convenio con Tráfico, «para que no sea necesario ir hasta una oficina a hacer el cambio de domicilio», y remitió una carta a cada uno de los vecinos afectados «donde les informamos de que su calle había cambiado de nombre por un acuerdo de pleno y en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica», explica Ledo.

Hay alcaldes que no creen que este cambio vaya a ser tan sencillo en sus municipios. Miguel Ángel Gómez Vaquero, regidor de Villafrechós, explica que el pleno de su municipio acordó hace medio año que «hay que cambiar las placas, pero todavía no hemos encontrado un nombre alternativo». Luis Javier González, alcalde de Cubillas de Santa Marta, reconoce que es un asunto que aún no se ha sometido a debate en el pleno municipal y advierte de que no es una de las prioridades del municipio. «No sé cuándo se debatirá, pero cuando se haga, se cumplirá lo que determine la mayoría», asegura.

Jesusa Ascensión Prieto, portavoz de la oposición del PSOE en el Ayuntamiento de Olivares (allí se cambió la plaza del Generalísimo por Plaza Mayor, pero se mantiene una avenida de Onésimo Redondo), asegura que «en el último pleno ya estudiamos la intención de cambiar el nombre de esta calle».

La asunción de una nueva nomenclatura no cambiará sólo el nombre de una calle, sino que, como explica el portavoz del PP en la Diputación, Jesús García Galván (lo dijo en el pleno de julio) es una cuestión que toca de lleno en las razones sociales, culturales y de convivencia de las localidades.

Hay vecinos que no están muy por la labor. «Son historia, personajes históricos que ya no existen. ¿Por qué reabrir la herida cambiando los nombres?», dicen unos. Otros protestan porque «dictadores y asesinos sigan teniendo calles en nuestros pueblos». Y las protestas de estos últimos se dejan sentir en varios municipios.

Por ejemplo, en Brahojos de Medina hay placas tapadas con pintura roja, como símbolo de gotas de sangre. Y en Renedo se ha tachado en negro los nombres de Onésimo Redondo y del General Franco en los letreros de algunas calles. Otros municipios han optado por mantener el nombre y quitar la placa. «Este verano el cartero sustituto se volvía loco porque no encontraba las casas. Al final, lo que hizo fue dejar las cartas a la alcaldesa para que los vecinos las recogieran», explican en la farmacia de Castromembibre.

Hay municipios que, sin necesidad de esperar a la ley, emprendieron hace años el cambio de nomenclatura, como Fuente Olmedo, Hornillos de Eresma, Íscar, Rubí de Bracamonte (que dijo adiós a nueve calles, como General Mola y Alemania) o San Vicente de Palacio, que sustituyó el nombre de General Franco por el de Domínguez Crespo, un médico de la localidad. Otros están en el proceso, como explican desde el Ayuntamiento de Fresno el Viejo. Y los hay que tiraron por el camino del medio.

Suprimieron algunos nombres, pero no todos. En Peñafiel, por ejemplo, desaparecieron del callejero en el 2000 (tal y como explican en el Ayuntamiento), pero los documentos oficiales todavía mantienen el nombre de General Yagüe en una de sus vías. Y en Torrecilla de la Orden se despidieron de la plaza del Generalísimo (hoy Plaza Mayor) pero mantienen vías de nombre franquista.


Ver en línea : El escudo de Valladolid presenta un vergonzante elemento de exaltación de la sublevación franquista


Fuente: Texto: Víctor. M. Vela, Fotografía: Ramón Gómez, El Norte de Castilla, 16-11-2008.