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Opinión: Pedro Vicente

Sobre el proyecto Rogers: «Nos ha tomado a todos por unos papanatas»

El urbanista británico se ha plegado sin apenas objeciones a los deseos del cliente, que no eran otros que le cuadraran las cuentas para poder financiar la operación del soterramiento

Miércoles 16 de julio de 2008 · 124 lecturas · rss article rubrique


Debo confesar que la decisión del Ayuntamiento de Valladolid de contratar a Richard Rogers para diseñar el tratamiento urbanístico de los terrenos liberados por el ferrocarril constituyó para mí una grata sorpresa. Grata porque se confiaba el encargo de ese nuevo Valladolid a un urbanista de prestigio internacional que a priori garantizaba los principios de una ciudad más habitable. Sorpresa porque un alcalde tan intervencionista como León de la Riva dejaba ese diseño en manos de un profesional capaz de imponer su criterio urbanístico por encima de cualquier condicionante o interés económico. Eso creía yo.

Visto el trabajo presentado he de reconocer que me equivoqué de plano. El urbanista británico se ha plegado sin apenas objeciones a los deseos del cliente, que no eran otros que le cuadraran las cuentas para poder financiar la operación del soterramiento.

El método seguido ha sido muy sencillo: primero se ha calculado el número de viviendas a construir para generar las plusvalías necesarias y a partir de ahí el equipo de Rogers ha distribuido espacialmente los volúmenes de edificación y a correr. Un traje a la medida y a gusto del consumidor.

Se supone que la gran virtualidad del soterramiento radica en la eliminación de la barrera física que divide la ciudad, permitiendo que ambas márgenes y sus respectivos barrios pasen a formar un todo. Y sucede que para que cuadren las cuentas los de Rogers han tenido que inventarse un nuevo barrio, llamado de Argales, encajado entre las propias vías del ferrocarril y el polígono industrial. Es decir, que al mismo tiempo que al soterramiento elimina la barrera en otros barrios -tampoco en todos- se crea uno nuevo de 2.500 viviendas que nace con esa barrera y además partido por la Ronda Interior Sur. Una aberración.

No es la única concesión del equipo Rogers. También ha transigido con elevar de 11.000 a 25.000 los metros cuadrados de superficie comercial de Vialia en la nueva estación, ampliación que hiede a ’pelotazo’ compartido por ADIF y sus socios provenientes de la etapa de Álvarez Cascos.

Dice Rogers que su proyecto es una apuesta por una «ciudad compacta y sostenible» en la que los ciudadanos puedan ir andando a trabajar o en transporte público. «Si los ciudadanos se van a la periferia se hacen dependientes del transporte privado», sostiene, con buen criterio, el urbanista británico. Lo grande del caso es que el mismo Rogers se ha prestado a la vez a colaborar en el diseño de la macrourbanización (16.000 viviendas) proyectada en Valdechivillas, más allá de la Ronda Exterior Este, operación que constituye justo la antítesis de esa «ciudad compacta y sostenible».

Lo cual me lleva a una doble conclusión. Una, que los criterios urbanísticos de este hombre son igual de reversibles que los famosos principios de Groucho Marx. Y dos, que nos ha tomado a todos por unos papanatas.

Pedro Vicente


Fuente: Texto: Pedro Vicente, Fotografía: Miguel Ángel Santos, El Norte de Castilla, 16-07-2008.