Contactar | asociaciones | Mapa del sitio | Sitios Web | listas correo | webmail | Facebook | Twitter | Canal Youtube | cavecal | ceav | RSS

Federación Vecinal de Valladolid Antonio Machado


Portada del sitio > Áreas > Medio ambiente > «La memoria del paisaje»

Revista de prensa: Alfonso Balmori

«La memoria del paisaje»

Los cambios en las técnicas de producción agrícola, forestal, industrial o minera y el desarrollo de los sectores urbanísticos, de transporte, turismo y ocio están modificando el paisaje rápidamente

Sábado 12 de enero de 2008 · 257 lecturas · rss article rubrique


Actualmente es complicado hacer una fotografía en el campo sin que aparezca en lontananza un elemento distorsionador, de forma semejante a aquel intruso que se cuela de improviso, sin ser invitado, en el escenario de una fotografía familiar. Los directores de cine deben encontrar bastantes dificultades para filmar escenas de la naturaleza verosímiles en las películas ambientadas en la Edad Media o el Siglo de Oro. Las huellas de los tractores en los caminos han sustituido a las herraduras de los caballos y los signos más conspicuos de la civilización, como los imperecederos plásticos, proliferan por tierra, mar y aire.

Podríamos definir el paisaje como cualquier parte del territorio tal como lo percibe la población, cuyo carácter es el resultado de la acción y la interacción de factores naturales y humanos. El paisaje comenzó a transformarse rápidamente a partir de la Revolución Industrial, pero los cambios más bruscos se han producido en los últimos años. Nuestra memoria de cómo eran antes las cosas también se ha ido perdiendo. Nos estamos olvidando de las imágenes de la naturaleza que conocieron nuestros abuelos y nuestros padres, que impresionaron su retina y acaso removieron sus sensaciones y sentimientos (el paisaje también modela el carácter de las personas). Aunque los testimonios perduran plasmados en fotografías e impresos en libros, y además las palabras transmiten, como un nexo de unión entre generaciones, los conocimientos acumulados y las experiencias vividas, probablemente muchas situaciones y contextos no calan en la personalidad si no se viven o se disfrutan en primera persona. Todos los indicios nos llevan a pensar que estamos perdiendo aceleradamente la memoria de aquel paisaje apenas alterado de otras épocas.

Los medios de comunicación audiovisual, como la televisión, cuando son bien utilizados presentan indudables ventajas para la difusión cultural e informativa, pero al mismo tiempo colaboran, generalmente de forma involuntaria, en esta pérdida. El bombardeo de imágenes que recibe de modo consciente o inconsciente el espectador, grabadas deliberada o involuntariamente por la persona que está detrás de la cámara, nos conectan con un entorno creado por y para nosotros mismos, repleto de artefactos de estética variopinta vinculados a la civilización moderna. Los aerogeneradores coronando los cordales de las sierras, las carreteras que discurren por paisajes agrestes o las infraestructuras y cicatrices de todo tipo, producto de las múltiples intervenciones humanas sobre el paisaje, son escenas muy recientes, que han surgido en el último y breve lapso de los 4.600 millones de años de edad de este planeta que nos acoge con indulgencia.

Los cambios en las técnicas de producción agrícola, forestal, industrial o minera y el desarrollo de los sectores urbanísticos, de transporte, turismo y ocio están modificando el paisaje rápidamente. Los tendidos eléctricos protagonizan el paisaje cercano a las grandes subestaciones, donde nacen radialmente multitud de líneas dirigidas hacia todos los puntos cardinales. Otros gigantes, los aerogeneradores, después de haber colonizado numerosas sierras comienzan a invadir también las llanuras interminables e impiden que nuestra vista se pierda en el horizonte sin toparse con obstáculos artificiales. La campiña cerealista ha sido invadida por los ’pivots’; los más grandes superan los 300 metros de largo e irrigan círculos de más de cincuenta hectáreas, en terrazgos tradicionales de secano donde campeaba la avutarda. En numerosas comarcas agrícolas se han creado paisajes nuevos de circunferencias verdes a vista de pájaro.

Pocos tesos o cerros castellanos destacables han quedado libres de las ubicuas torres de telefonía con repetidores y radioenlaces que lanzan radiaciones contaminantes invisibles a larga distancia. Las instalaciones fotovoltaicas son los más recientes ’ocupas’ del campo abierto. Su denominación con eufemismos como ’huertos solares’ parece querer olvidar que, en realidad, son actividades industriales que se han trasladado a la naturaleza. Su aspecto positivo, el ser fuentes de energías renovable y limpia, se ve empañado por su impacto en el paisaje. Por eso es tan necesario dirigir la ocupación del suelo para estas actividades hacia aquellos hábitats de peor calidad, hacia las zonas más humanizadas e industrializadas (polígonos industriales, áreas periurbanos o cercanía de carreteras), ya que no se trata de usos tradicionales agroganaderos.

Una de las estructuras modernas más impactantes son los trenes de alta velocidad. Aunque puede considerarse poco correcto y pertinente escribir esto, ahora que celebramos -sin voces disonantes- la llegada de nuevas líneas como la panacea del progreso y la movilidad, probablemente se habría podido dedicar el elevado presupuesto a mejorar las vías convencionales y a renovar las flotas con talgos, que pueden alcanzar grandes velocidades, con la ventaja de parar en las estaciones de toda la vida, sin dejar pueblos o ciudades aislados. También podrían haberse reabierto las líneas que se han ido cerrando al tráfico ferroviario por ser poco rentables y mantienen sus olvidados raíles todavía.

Consciente de que el paisaje es un componente fundamental, expresión de la diversidad del patrimonio natural y cultural europeo que desempeña un papel de interés general y contribuye a la formación de las culturas locales, en octubre del año 2000 el Consejo de Europa aprobó en Florencia el Convenio Europeo del Paisaje que nació de la preocupación de los estados miembros por alcanzar un desarrollo sostenible basado en una relación equilibrada y armoniosa entre las necesidades sociales y económicas y el medio ambiente. Este convenio señala la importancia de transmitir el patrimonio paisajístico, fundamento de nuestra identidad, a las generaciones venideras.

Alfonso Balmori
Biólogo


Fuente: Texto: Alfonso Balmori, El Norte de Castilla, 12-01-2008.