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Federación Vecinal de Valladolid Antonio Machado


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Revista de prensa: Alfonso Balmori

«Ciclos naturales»

La biología de la conservación postula la importancia de preservar, no solamente las especies o los taxones, sino también esos ciclos, los procesos que rigen el funcionamiento de los propios ecosistemas de los que dependemos para vivir

Sábado 14 de julio de 2007 · 1841 lecturas · rss article rubrique


La naturaleza se organiza en ciclos y ritmos temporales que gobiernan los acontecimientos cotidianos de los seres vivos. Cuerpos celestes, astros y planetas recorren cíclicamente órbitas invisibles trazadas por las leyes de la física. En nuestro planeta apreciamos los efectos de los ciclos diarios de rotación y los estacionales vinculados al viaje alrededor del sol. Los seres vivos nos adaptamos a los ciclos de luz y oscuridad, a la sucesión de las estaciones y a las temperaturas cambiantes, condicionadas a su vez por la inclinación de los rayos del sol sobre la superficie terrestre. La Luna también juega un importante papel alrededor de la Tierra; controla los ritmos de las mareas mediante su poderosa influencia gravitatoria.

El momento preciso de floración de las plantas, la caída de las hojas y el ritmo del crecimiento de los árboles están sujetos a la duración del día (fotoperiodo) por su influencia en las hormonas vegetales, mientras la climatología, especialmente la temperatura y las precipitaciones, modulan la magnitud de los acontecimientos fenológicos. Los anillos de crecimiento de los árboles conforman un registro histórico, que sirve para averiguar la bonanza o crudeza de cada uno de sus años de existencia, señalando de modo indeleble épocas y catástrofes acontecidas. Algo parecido a lo que nos enseñan los milenarios hielos de los polos. Allí el secreto ha quedado bien guardado en las pequeñas burbujas, delatoras de la evolución del anhídrido carbónico y de su aumento imparable en los últimos años.

Cada temporada muchos animales cambian las escamas, los pelos o las plumas por otras de colores más llamativos para afrontar la época reproductora, o se cubren de grasa para soportar mejor las inclemencias y privaciones del periodo invernal que se avecina. La migración periódica de las aves entre las áreas de cría y los cuarteles de invernada ocurre puntualmente dos veces al año con sentidos inversos. La impresionante explosión del vuelo de las efímeras sobre los ríos llega puntual cada verano exclusivamente durante algunas noches propicias. Estas actividades recurrentes, puntualmente ordenadas en el tiempo, confieren a los seres vivos consideración de auténticos relojes biológicos.

El hombre también se encuentra atrapado en el ritmo de las estaciones y los días. Los calendarios se organizan en ciclos anuales a los que se amoldan nuestras costumbres. Las celebraciones religiosas y las fiestas civiles vuelven cada temporada, marcando el compás del paso del tiempo. Los ritmos sueño-vigilia, gobernados por la glándula pineal, se desajustan por los viajes lejanos o las sesiones de trabajos por turnos rotatorios que alteran nuestro reloj biológico interno. Los ciclos menstruales acompasados con las fases lunares tienden a sincronizarse en las personas que conviven. El ciclo de la vida y la muerte, de la infancia y la vejez, también está presente en el hombre, con el ritmo pendular de las generaciones que llegan y desaparecen una tras otra de un modo inexorable.

Otro tipo de ciclos, esta vez artificiales, también condicionan profundamente nuestras vidas. Se trata de los ciclos políticos y económicos, menos exactos y más sujetos a coyunturas. Cada cuatro años aproximadamente, se producen periodos electorales que se caracterizan por la profusión de inauguraciones y promesas y por la cercanía campechana de altos cargos a la ciudadanía, que dan paso con frecuencia a periodos de olvido y desencanto. Las promesas electorales apuestan generalmente por elevar el consumo y el nivel de vida, pero esa es una trampa en la que podemos caer a costa del expolio del planeta y de ciudadanos de otros países que apenas pueden acceder a vivir dignamente: tuvieron menor fortuna en el reparto de la tarta mundial.

La conservación del patrimonio natural y cultural, la despoblación del medio rural o la ordenación adecuada del territorio son asuntos que requieren de políticas bien planificadas a largo plazo. Deben trascender a las legislaturas y circunscripciones, están necesitadas de compromisos ajenos a partidos, opciones o puntos de vista, primando el interés de todos y no el coyuntural de algunos. Cuestiones como el deterioro general del planeta que nos acoge, cuyos recursos explotamos con despilfarro de forma irresponsable, comprometen nuestra existencia futura. Parece evidente que asuntos importantes, como los que tienen que ver con la supervivencia de la biosfera y del hombre mismo, no deberían valorarse exclusivamente desde el punto de vista económico, ni estar tan condicionados por las legislaturas, sujetas a la discrecionalidad de los gobernantes.

Existen ciclos infinitamente más duraderos -se miden en millones de años-, como la aparición por radiación adaptativa de las especies y sus extinciones en masa. A lo largo de la historia de la vida en la Tierra se han producido cinco grandes extinciones, la última de ellas cuando desaparecieron los dinosaurios hace aproximadamente 65 millones de años. Nos encontramos inmersos de lleno en lo que los científicos conocen como ’la sexta extinción’; nunca antes este proceso de aniquilación de especies había sido tan acelerado: cada año el hombre barre de la faz de la Tierra a trescientas especies vivas.

La alternancia es necesaria en la naturaleza y en la vida (también en política). Por ese motivo la biología de la conservación postula la importancia de preservar, no solamente las especies o los taxones, sino también esos ciclos, los procesos que rigen el funcionamiento de los propios ecosistemas de los que dependemos para vivir.

Alfonso Balmori
Biólogo


Fuente: Texto: Alfonso Balmori, El Norte de Castilla, 14-07-2007.