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25 Aniversario de la Federación Vecinal de Valladolid

«Valladolid, ¿ciudad mercantilizada?»

Intervención de Javier Gutiérrez Hurtado, ex-concejal de IU en el Ayuntamiento de Valladolid y miembro de Ecologistas en Acción de Valladolid: "Este modelo urbanístico, fuertemente expansivo, deja a los promotores de suelo la decisión sobre la forma de la ciudad y prefigura un modelo insostenible donde los problemas medioambientales, ya existentes, se agudizarán y donde pueden renacer problemas de dotaciones y equipamientos en algunos de los nuevos desarrollos del suelo urbanizable"

Jueves 24 de noviembre de 2005 · 335 lecturas · rss article rubrique


1. Pensar en el desarrollo urbanístico de Valladolid en los últimos veinticinco años obliga a un esfuerzo de síntesis casi imposible. Desarrollaré además esa tarea desde la perspectiva del título de la sesión de hoy: Valladolid, ¿ciudad mercantilizada? La respuesta a este interrogante es bastante obvia: sí. En la medida en que el mercado es uno de los instrumentos decisivos para la provisión de suelo y vivienda en cualquier ciudad española, la nuestra no puede escapar a esos parámetros. Se trata, por tanto, de buscar una interpretación más operativa a la pregunta. Interpretación que nos pueda servir para repasar, en este momento de aniversario, una época interesante de Valladolid: sus últimos veinticinco años.

2. El mercado tiene su función reconocida en el ordenamiento constitucional y en la legislación urbanística. Pero siempre viene bien recordar que la capacidad para ordenar y dirigir los municipios corresponde a sus ayuntamientos, a los poderes democráticamente elegidos que, además, deben, al menos, escuchar a los movimientos sociales, a los vecinos organizados y agrupados.

Siempre van a producirse tensiones entre la actuación del ayuntamiento y los intereses mercantiles. Nuestra preocupación debe ser que, en los aspectos esenciales, predomine la expresión democrática de la voluntad ciudadana. Que las interferencias a este predominio sean mínimas. Por tanto, mi análisis versará sobre las “interferencias” lanzadas por los agentes privados para lograr actuaciones favorables a sus intereses, sobre la condescendencia de las autoridades, y sobre los efectos que esas interferencias han tenido y tienen en la forma de la ciudad y en los servicios que ésta ofrece a sus vecinos.

3. El punto de partida sólo puede ser el periodo de elaboración del Plan General que finalmente se aprobó en el año 1984. Momento de grandes ilusiones, de participación ciudadana fomentada desde el ayuntamiento y ejercitada, tanto por las personas como por las asociaciones. El Plan tuvo decidida vocación de acotar y ordenar el crecimiento de la ciudad hacia parámetros razonables, de reequilibrar la calidad urbana apostando por el desarrollo de las zonas Norte y Este, de buscar acomodo para la gran cantidad de dotaciones que eran necesarias, de frenar la destrucción del centro histórico, de utilizar los “sistemas generales” para facilitar la intervención municipal en los mercados de suelo y vivienda y en la construcción de las infraestructuras necesarias, y de reordenar la ciudad ya existente utilizando con profusión la figura de los Planes Especiales de Reforma Interior.

4. Con la perspectiva que da el paso del tiempo ya podemos hacer un balance equilibrado de los aciertos de la época, de los desatinos y, en línea con lo señalado al principio, de la permeabilidad municipal a determinados “intereses de mercado”.

Entre los aciertos está el colocar en primer lugar la búsqueda de espacios para dotaciones y el desarrollo de éstas. La labor de lograr que el lugar de residencia no discriminase las posibilidades de acceso de cualquier vecino a las dotaciones indispensables fue el motivo principal de los primeros años de vigencia del Plan. Un movimiento ciudadano que tenía claros sus objetivos y un ayuntamiento que trabajaba en la misma onda lograron que este movimiento fuese imparable. En unos barrios se tardó más que en otros, en algunos casos el ritmo fue desesperadamente lento, pero había coincidencia de fondo y la tarea fue más fácil.

Entre los desatinos el más importante me parece que fue el escaso desarrollo de los PERI`s. Seguramente que la ambición del programa en su intento por lograr espacios libres y dotacionales dificultó su desarrollo práctico.

Algunas “interferencias mercantiles” asumidas por el Ayuntamiento alteraron las previsiones del Plan y cuartearon las ilusiones del movimiento ciudadano. La herencia del Plan Parcial Parquesol y su rápida conexión con los “asuntos deportivos” volcaron hacia esa zona de la ciudad buena parte de las posibilidades de crecimiento de Valladolid. La decisión complementaria de no colocar en ese Plan ninguna vivienda de promoción pública (vivienda social) en un momento en que este tipo de viviendas eran poco pacíficas e influían decisivamente en el valor mercantil de suelos y viviendas constituye uno de los “tratos de favor” más evidentes a un protagonista concreto del mercado inmobiliario. La operación para colocar la capital de Castilla y León en Valladolid supuso una gran inversión económica y política para el futuro pero configuró a la zona Sur, tal y como querían el resto de grandes propietarios de suelo, en la segunda zona de expansión urbana, siempre en detrimento de las zonas Norte y Este, a pesar de las indicaciones del Plan General. Sólo la tardía decisión de facilitar la ubicación de instalaciones universitarias en esas zonas pudo compensar, mínimamente, las decisiones señaladas.

La adquisición de “sistemas generales” fue lenta y selectiva y, junto a la timidez municipal, apenas permitió la participación pública en el mercado de suelo. El lentísimo desarrollo del Plan Parcial Alameda debe computarse en el mismo sentido.

En cualquier caso, la atonía económica general y la particular del mercado inmobiliario alejaron las expectativas de transformación de la ciudad. La muerte natural del Plan se produjo con un escasísimo desarrollo de su suelo urbanizable y con un estancamiento poblacional que ya empezaba a notar la dura competencia de los municipios del alfoz que, sin apenas controles, planificaban importantes desarrollos urbanísticos (Laguna de Duero).

Algunos debates más modernos que ya se producían en las ciudades europeas (movilidad alternativa, reciclaje integral, calidad del aire, mantenimiento del capital natural) ni fueron previstos en el Plan, ni atendidos en serio por el ayuntamiento, ni apenas oteados por el movimiento vecinal.

5. El nuevo Plan General fue aprobado definitivamente en 1984. Durante su vigencia se ha producido una transformación importante de la ciudad apoyada, principalmente, en una actividad constructiva intensa y mucho más fuerte que en los años previos. En el periodo de vigencia del PGOU de 1984 (1984-1997) el promedio de licencias otorgadas sirvió para la construcción de 1582 viviendas por año. Entre 1997 y 2004 (tiempo de duración del Plan de 1997) el número correspondiente fue de 2.573 viviendas. En el único año de vigencia del PGOU de 2004 el número ha ascendido a 4.539.

La expansión urbanística de los últimos diez años ha llevado a la realidad las previsiones contenidas en el PGOU anterior. La excesiva calificación de suelo urbanizable y la herencia del planeamiento asumido han provocado esa tardanza. Todas las zonas de la ciudad han culminado o están cerca de culminar las previsiones de aquel Plan. El desarrollo de la Zona Sur, la más apetecida por los constructores, ha llevado aparejadas inversiones complementarias muy costosas (continuidad del Paseo Zorrilla y eliminación de los viejos Jardines de la Rubia) costeadas por el Ayuntamiento en claro favor posterior a la opción de crecimiento por esos lugares.

El desarrollo de la zona Oeste está cerca de culminar, con el Plan Parcial Villa del Prado y las últimas construcciones de Parquesol. En el caso de este Plan volvió a producirse una actuación claramente favorable a sus intereses mercantiles cuando, con un informe delirante, se levantó la restricción que afectaba a la topología de viviendas permitiendo el paso de unifamiliar a plurifamiliar en un gran número de parcelas.

La zona Este ha recibido, por fin, en los últimos años un impulso importante de la iniciativa pública (Campo de Tiro, El Pato) que culminará, en breve plazo con el inicio de las obras en Los Santos-Pilarica. La zona Norte tiene pendiente el desarrollo del Plan Parcial Los Viveros para completar sus previsiones.

Estas transformaciones se han producido sin un desarrollo similar de los sistemas generales. Los parques previstos en las zonas Norte, Este y Oeste (Fuente el Sol y Las Contiendas) constituyen un buen ejemplo de esta situación.

6. La zona central de la ciudad ha recibido, en esos años de vigencia del Plan del 84, buena parte de las inversiones municipales de los últimos tiempos.

La rehabilitación, para uso dotacional, de edificios emblemáticos ha sido importante (San Agustín, Patio Herreriano) aunque está por ver el juego que van a dar alguno de los proyectos dentro de una estrategia, querida por quienes gobiernan, de buscar elementos de competitividad con otras ciudades con la única finalidad de atraer visitantes.

Otra parte importante de las inversiones en esta zona se ha destinado a “deshacer el espacio privilegiado del automóvil” y permitir la recuperación de los lugares del peatón, al mismo tiempo que se procedía, con mucha cicatería, a la necesaria renovación de las redes de infraestructuras. Es loable la intención de estas obras, casi nunca bien finalizadas, aunque estimo que podían haber convivido con otras destinadas a facilitar la convivencia pacífica entre las diversas formas de desplazamiento siempre que se garantice, con el diseño, una reducción sustancial de la velocidad de los vehículos. Los últimos años, con la proliferación de aparcamientos, tanto comerciales como de residentes o mixtos, suponen la aparición de nuevos “intereses mercantiles” en abierta contradicción con los intereses generales de la mayor parte de los vecinos. Los constructores de los aparcamientos ganan dinero, los que explotan los comerciales se aseguran importantes rentas futuras, la ciudad pierde posibilidades de intervención en su subsuelo, y se ponen las piedras para que la calidad del aire sea cada vez peor y la movilidad cada vez más sesgada hacia el vehículo privado.

Las construcciones residenciales han contado con apoyo público para su adecentamiento, aunque en éste han primado los criterios estéticos sobre los constructivos.

La gran “interferencia mercantil” que se ha producido en esta zona ha tenido como protagonista al Ayuntamiento y como principales beneficiarios a los propietarios de inmuebles con pisos alquilados. El Ayuntamiento ha hecho, en esa zona de la ciudad, una dejación absoluta de su obligación de vigilar el “deber de conservación” de los inmuebles. Apenas ha realizado obras subsidiarias y se ha rendido a los intereses de muchos propietarios cuya única pretensión ha sido la de lograr la declaración de ruina de sus edificios para desalojar a los inquilinos con rentas antiguas. Esta práctica, además de injusta con los débiles y protectora con los propietarios, fomenta la posterior terciarización del centro de la ciudad.

Los criterios cambiantes de la Comisión de Patrimonio y su debilidad para actuar con criterios conservacionistas contundentes también han contribuido a una sucesión de ruinas a la espera de lograr mejores condiciones en la reconstrucción de los edificios. Esta debilidad se ha hecho extensiva a los cambios de uso de edificios catalogados.

Tampoco se ha hecho ningún esfuerzo por mejorar, en esta zona, la carencia de dotaciones para sus vecinos. Un buen ejemplo lo constituye la parcela del viejo economato de RENFE que sigue sin uso varios años después de la demolición de las antiguas instalaciones.

7. La prevista operación urbanística y ferroviaria del centro de la ciudad va a comportar una agudización de la visión “mercantilista” de la ciudad propiciada, en este caso, por los poderes públicos. Cada vez importa menos el coste de la operación en la creencia de que las plusvalías urbanísticas pueden con todo. El clima de consenso social que se ha producido en torno a esta concepción es tremendamente peligroso para una visión “no mercantil” o “menos mercantil” de la ardua labor de “hacer ciudad”. En el debate ciudadano que se ha producido alrededor de esta operación apenas han aparecido ideas sobre dotaciones de interés para la ciudad, más allá de los tradicionales aprovechamientos lucrativos. La opinión pública sólo se ha movilizado para defender el respeto al patrimonio histórico que no tenía la propuesta ganadora.

8. Durante el periodo analizado se han llevado hasta nuevos límites los intereses de las administraciones públicas por dotar al urbanismo de una importante “función recaudadora”. En este caso hay que señalar que los “intereses mercantiles” empiezan a ser los únicos de las administraciones públicas. La Diputación en el Plan Parcial Villa del Prado, el Ministerio de Defensa en sus terrenos del Paseo del Arco de Ladrillo y el Ayuntamiento con la transformación de parcelas dotacionales para usos lucrativos, han contribuido al desarrollo de este uso bastardo del urbanismo.

El Ayuntamiento ha vendido, en ocasiones, derechos de edificación a la iniciativa privada con precios muy alejados de los de mercado. Esta actuación es, simplemente, un regalo de plusvalías a los adjudicatarios.

9. El urbanismo no puede servir únicamente para dar forma al desarrollo de la ciudad y para el acopio de fondos de las administraciones públicas titulares de terrenos urbanizables. El urbanismo tiene también la función de garantizar todo tipo de dotaciones a los ciudadanos y, según señala la propia Ley de Urbanismo de Castilla y León, debe servir para garantizar la cohesión social y el desarrollo sostenible de los municipios. Aunque estos principios, colocados pomposamente en el Título Preliminar de la Ley, apenas han tenido desarrollo efectivo en el articulado concreto, deben inspirar el desarrollo urbanístico de Valladolid.

En lo que hace referencia a las dotaciones ordinarias y tradicionales (zonas verdes, escolares, recreativas, culturales, deportivas y sanitarias) la situación se ha aliviado sustancialmente. El esfuerzo de los años ochenta ha sido clave para este logro. Los problemas que quedan pendientes no son generales y, casi siempre, se limitan al retraso en la construcción de las infraestructuras que corresponde a administraciones diferentes de la municipal.

Ahora bien, alrededor del problema de la cohesión social se han producido prácticas muy perniciosas por parte del Ayuntamiento que ha generado nuevas formas de segregación social y ha contribuido a la marginación de determinadas zonas en favor de otras. Las prácticas más problemáticas han sido las siguientes:

- Una política de realojos de los habitantes de La Esperanza y de entrega de terrenos para la construcción de Viviendas de Promoción Pública totalmente concentrada en la zona Este. En lugar de proceder a un reparto equitativo de este tipo de viviendas por toda la ciudad se ha procedido, injustamente, a su concentración. De esta forma los vecinos de esa zona se ven perjudicados económica y socialmente.

- Una colocación de los edificios institucionales que se concentra en unos pocos espacios a los que favorece en su desarrollo urbanístico y en su calidad de vida. Tras la vieja operación de ubicación de la sede central de la Junta de Castilla y León en la zona Sur (que, lógicamente, favoreció su desarrollo), las nuevas dotaciones se han concentrado en Huerta del Rey (que, en una primera fase, acogió un buen número de Consejerías de la Junta) y, posteriormente, en los alrededores o en el propio Plan Parcial Villa del Prado. Se ha favorecido el enlace de Parquesol con el resto de la ciudad y se ha hecho de la Avenida de Salamanca un nuevo eje dotacional de gran calidad (Museo de la Ciencia, Auditorio, y Cortes de Castilla y León).

  • A la zona Este, entendida en sentido amplio, sólo le ha correspondido la ubicación del nuevo hospital que, al menos, va a servir para hacer visible esa parte de la ciudad a un buen número de vallisoletanos. La zona Norte, en sus linderos con el Este, recibe la llegada progresiva de nuevos edificios universitarios.

10. El suelo industrial, además de escaso y muy lento en su desarrollo, se ha incrementado, y se quiere incrementar, con operaciones de cambio de uso (de industrial a residencial). Así ha ocurrido en todos los terrenos del Paseo de Arco de Ladrillo incluidos, en una operación bochornosa, los de la vieja Enertec. En este último caso se ha autorizado, a petición de la propiedad, la descatalogación parcial de varias naves con pérdida de elementos importantes de nuestra arqueología industrial.

Este tipo de operaciones se quieren extender a nuevos terrenos con lo que se producirá una mayor especialización de los espacios urbanos, justo lo contrario al principio de coexistencia de usos por todo el término municipal que, teóricamente, dice defender la legislación autonómica urbanística.

11. La opción por el desarrollo espectacular del suelo urbanizable ha favorecido los “intereses mercantiles” de los propietarios de esos suelos y ha perjudicado a la ciudad, por la mala utilización de su patrimonio edificado, y a los propietarios de las viviendas antiguas que están a la espera de que comiencen, en serio, las operaciones de reforma planteadas en algunos barrios (Rondilla, Pajarillos, Delicias).

12. El refuerzo de los “intereses mercantiles” en detrimento de los generales ha producido un evidente deterioro medioambiental. El desarrollo sostenible del municipio ha pasado a formar parte del vocabulario del equipo de gobierno pero sus prácticas están muy lejos del mismo. La primera aprobación de la Agenda 21 local fue el “canto del cisne”. El balance, realizado a los tres años, ha sido desolador. Incumplimiento total de todos los objetivos relacionados, de verdad, con una concepción avanzada de la sostenibilidad. Ni se ha preservado el capital natural, ni se ha tenido eficiencia en el uso de los recursos naturales y del territorio, ni se ha hecho un uso razonable del agua y de los recursos energéticos.

El modelo urbanístico es el que ha hecho descarrilar la Agenda 21 local. La renuncia, de hecho, a la sostenibilidad se ha visto reforzada en la última revisión del Plan General de Ordenación Urbana (2004) donde, bajo la coartada de mejorar la competitividad con los municipios limítrofes, se ha decidido otorgar el carácter de urbanizable a la práctica totalidad del término, independientemente de las consideraciones señaladas en los textos legales para la calificación de suelo rústico. La nota más vergonzosa de esta operación ha sido la calificación como suelo urbanizable no delimitado (Áreas Homogéneas) de Los Argales y Las Riberas, ambos en la zona Sur, con propiedad conocida de los suelos y con la complicidad de la Junta de Castilla y León que, sin apenas razonamientos, se cargó sus propias directrices de ordenación de la comarca de Valladolid. Se sigue apoyando, descaradamente, a los promotores que han apostado por un crecimiento de la ciudad por su zona Sur.

Este modelo urbanístico, fuertemente expansivo, deja a los promotores de suelo la decisión sobre la forma de la ciudad y prefigura un modelo insostenible donde los problemas medioambientales, ya existentes, se agudizarán y donde pueden renacer problemas de dotaciones y equipamientos en algunos de los nuevos desarrollos del suelo urbanizable.

13. La evolución del precio de la vivienda en los últimos años ha tirado por tierra la idea que presidió las últimas revisiones del planeamiento urbanístico. Se decía que la calificación como urbanizable de todo el término municipal iba a permitir el estancamiento en la evolución de los precios de los pisos. Nada más lejos de la realidad. Son necesarios cambios sustanciales en las políticas de suelo y vivienda de nuestro país y de nuestra ciudad.

Valladolid, noviembre de 2005.

Javier Gutiérrez Hurtado